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Vacaciones en Punta Quemada (II)
Fecha: 18/09/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: dlacarne, Fuente: TodoRelatos
No fue por ansiedad, ni por mono. Fue el castigo que me impuse, porque tengo interiorizado que es lo que toca en estos casos. Me supo como chupar una carretera, estaba fumando de nuevo. Después de una larga temporada en la que, de un modo u otro, siempre que metía la polla terminaba metiendo la pata, decidí darme un respiro en esto de las relaciones sexo-afectivas. No me calenté la cabeza por nadie, ni hice que nadie se la calentara por mí. Estuvo genial... pero un día, los labios carnosos de una boquita de piñón pronunciaron mi nombre y, cuando me giré, toda la estupidez de mi adolescencia regresó a mis casi cuarenta años. Ivy era su nombre y había estado prendado por ella desde la primera vez que la vi. Una de esas personas que te hacen volver el cuello cuando las cruzas por la calle y no se borran de la memoria. Aunque tardara más, recorría de nuevo los lugares por donde la vi alguna vez con la esperanza de encontrármela. No sabía siquiera su nombre, pero un día, ella sí supo el mío... y me llamó. La chica de la que llevaba años pensando que tenía el mejor culo del mundo, con la que había fantaseado en mogollón de ocasiones, estaba en el mismo bar que yo y me estaba llamando. Le confesé mi atracción por ella y ella confesó haber tenido la misma fijación por mí. Fue un flechazo. Aquel invierno follamos todo lo que pudimos, tanto por cantidad como por guarros. La primavera y los horarios nos distanciaron algo e hicieron de nuestros encuentros algo esporádico y, al llegar ...
... el verano, volvimos a no saber nada el uno del otro. Me tomé unos días con dos amigos que también sufrían de mal de amores. Hicimos botellón en la puerta de una discoteca en la playa para gente guapa y arreglada, por lo de la invasión del pavo de nuestra adolescencia tardía. Con la primera litrona nos pusimos a criticar e inventarnos historias de todo el que entraba y salía de aquel sitio pijo. Y, cuando mi mente ya estaba abstraída y anestesiada por la risa, allí apareció ella. Con unos shorts vaqueros y un body negro que dejaba ver sus costados, Ivy bajó de un coche acompañada de varios amigos y amigas. De entre todos ellos pude identificar a un chico, Josh, que conocía de las noches en los tugurios que frecuentaba; precisamente fue él quien se acerco a ella y la agarró por la cintura. Le pegué un buen trago a la cerveza y le pedí un cigarro a mis amigos. Estaba fumando de nuevo. Me invadieron unos malos nervios y no podía pensar en otra cosa. Estaba tan fuera de mí que no me enteraba de nada de lo que decían mis amigos. Saqué el móvil en busca de fría evasión y deslicé por todas las redes sociales, mirando ansiosamente las historias sin ver nada. Y en esa desconexión lobotomizante, recaí en algo más malo que el tabaco. Pensando en que la mejor manera de olvidar el cuerpo de Ivy entre los brazos de Josh sería encontrar otro cuerpo al que abrazar, volví a instalar Tinder. -Hola, chicos. ¿Tenéis fuego? Ni siquiera levanté la cabeza cuando escuché aquello. Dejé que ...