-
Vacaciones en Punta Quemada (II)
Fecha: 18/09/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: dlacarne, Fuente: TodoRelatos
... mis amigos se ocuparan de aquella desconocida, yo estaba concentrado en pensar alguna descripción ridícula para mi perfil. -El mechero lo tienes tú, Jack, que has sido el último. A regañadientes tuve que guardar el móvil y buscar entre mis bolsillos. Cuando lo encontré y puse la vista al frente casi pierdo el equilibrio. Con el cigarro entre unos labios gruesos pintados de rojo, estaba frente a mí una chica de carita redondeada y ojos sinuosos bien pintados. El pelo castaño repeinado, dejando ver dos buenos aros en sus orejas, estaba recogido en una cola larga y rizada que caía por uno de sus hombros desnudos. Y siguiendo los rizos de aquella cola encontré un torso grande y carnoso, moldeado con abruptas formas pero ejecutadas con dulzura, expuesto en todo el esplendor de su piel salvo por una escueta prenda negra que no terminaba de ser ni un bikini ni un top escotado que cubría con esfuerzo dos enormes pechos erguidos. Dejando al aire algo menos de medio vientre, sus pronunciadas y perfectas curvas continuaban hasta llegar a una minifalda ceñida de tiro bastante alto. Bajo la atenta mirada de los tres amigos, se encendió el cigarro, nos dio las gracias y se dio la vuelta. Como cascarones de mentes vacías, nos partimos el cuello siguiendo su paso, embobados con el enorme culo que se alejaba al ritmo de los pasos de los muslazos desnudos que aparecían bajo la minifalda negra. Corroboramos que todos habíamos visto lo mismo con una retahíla de onomatopeyas de ...
... orangután. A los tres segundos estábamos de nuevo absortos en nuestros móviles, con nuestras penas. Había tenido este sentimiento unas cuantas veces a lo largo de mi vida; hacía mucho tiempo ya desde la última vez. Lo creía superado y, sin embargo, me sentía incapacitado por el recuerdo de una amante y la certeza de saber que estaba disfrutando sin mí. Sabía que estaba mal, que todos esos males que comenzaban a azotar mi cabeza no tenían sentido, que todos los los demonios de mis subconsciente no tenían nada que ofrecerme y, aún así, aquí estaba, afrontándolo con poca dignidad. No por usar una aplicación de citas, sino por la necesidad imperiosa de encontrar a un clavo que sacara al otro clavo, de encontrar un cuerpo que me enloqueciera donde poder ocultar las otras locuras. Era la primera noche de nuestras vacaciones y, por lo que reflejaban nuestros rostros y nuestra actitud, pareciera que deseáramos que fuera la última. Ni caso nos hacíamos. Aspirábamos a experimentar la escapada más lamentable de nuestra existencia hasta que... -Chicos, perdonadme otra vez- de nuevo, esa voz-, me he quedado sin batería y no encuentro a mis amigas. ¿Me dejáis un teléfono para intentar dar con ellas? Pegué un tirón de mi cara hundida y encontré entre nosotros a la misma chica de antes. Sin que saliera una palabra de mi boca y con los ojos abiertos como platos le ofrecí el mío antes de que mis amigos siquiera reaccionaran. Ella, muy contenta, me dio las gracias y, en lugar de cogerlo, ...