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Dayana, mis inicios en el sexo, 5
Fecha: 29/09/2025, Categorías: Masturbación Autor: Daya, Fuente: TodoRelatos
... experiencia. Mucha. Me ponía mucha atención. Demasiada. Y, por supuesto, el no iba a estar presumiendo con sus amigos que había desflorado a una quinceañera. No podía ser tan estúpido. Mi único temor con él era que, en un descuido, podía tomar el control de la acción y usarme solo para satisfacerse, sin que yo saliera ganando nada con ello. Pues así pasaron varias semanas. Al menos una polla cada tercer día. Necesitaba práctica, necesitaba estar segura que podía contentarlo con sexo oral, que mi boca lo iba a volver loco, para que me desflorara cuando yo quisiera y en mis terrenos. No quería que solo usara mi cuerpo para desahogarse y me dejara prendida sin poder terminar. No es que me costara mucho trabajo llegar al orgasmo. En ocasiones un par de minutos de toqueteo eran suficientes para dejarme con las piernas temblando y mi coñito hecho un charco. Tampoco es que diera miedo que me la metiera, bueno, un poco, pero quería ser cuando yo tuviera ganas de que me la metiera, quería ser yo la que llevara las riendas, Quería disfrutarlo de principio a fin. Quería saber que podía dar el suficiente placer para que mi pareja hiciera lo que yo le pidiera y me tratara como yo quisiera. No quería que me desflorara alguien que solo me penetrara, se desahogara, me dejara como mercancía usada y adiós. A propósito de eso, en mi afán de practicar, creo que mi fama había salido un poco de control. Lo notaba porque cada vez con más frecuencia alguien me invitaba a salir, aunque no ...
... por un café, o por una pizza. Siempre era “a caminar por el bosque”. Era selectiva, desde luego, no todas las invitaciones eran aceptadas. Quería que fueran al menos bien parecidos, no muy inteligentes, y lo bastante manipulables para que se conformaran con lo que yo les diera. Que era bastante, una chupada de polla a esa edad, era algo que no cualquier chica proporcionaba. Y la verdad es que las mías se estaban volviendo una leyenda. No les permitía llevar la iniciativa, pues no quería perder el control de la situación. Un buen faje, podían tocar todo lo que quisieran mientras tuviéramos la ropa puesta, pero en cuanto querían desnudarme, yo era la que tomaba las riendas. Los recostaba en el prado, los desnudaba y los volvía locos con el sexo oral. Tenía mi técnica: ya que los tenía acostados, acercaba mi cara a su pene, dejaba caer saliva en el y con los dedos lo extendía por la cabeza, rozándola un par de minutos, mientras con la otra mano tomaba el tronco y la subía y bajaba; a veces era todo lo que necesitaban para venirse, momento en el cual me la metía a la boca para limparla del semen, si no eyaculaban con eso, sacaba mi lengua y empezaba a pasarla por el glande, luego por todo el miembro y de regreso, varias veces, hasta que mis labios rodeaban la punta de su verga, y poco a poco iba introduciéndola en mi boca hasta llegar a mi garganta, mientras jugaba con mi lengua en con la parte de su miembro que estaba en mi boca, alejaba la boca y volvía a introducirme todo su ...