-
Corrompiendo a mi hijo (Sugey)//cap 5
Fecha: 02/10/2025, Categorías: Incesto Autor: JOS LIRA, Fuente: TodoRelatos
... punta conté hasta tres y luego comencé a cantar sintiendo la boca seca. Tito comenzó a moverse en la cama. Estiró sus piernas, sus brazos y poco apoco comenzó abrir los ojos, casi cuando yo estaba a punto de terminar: —¡Despierta, Tito despierta, mira que ya amaneció!¡Ya los pajarillos cantan, la luna ya se metió. ¡Feliz cumpleaños, mi tesoro hermoso! Tito me miró con una gran sonrisa que me derritió, y mientras yo ponía el pastelito en su buró, yo puse mis nalgas sobre su cama, sentándome junto a él. Los nervios me estaban matando, porque él aún no se había percatado de que la blancura de mi cuerpo estaba casi transparentada con esa tela negra que llevaba muy sensual sobre mí. —Oh, mami, gracias —decía, todavía modorro, sentándose sobre la cama. Me sorprendió que mi encantador yogurín sólo trajera puesto un bóxer, y por lo demás estuviera completamente desnudo. Parecía un ángel tallado por Miguel Ángel. Su piel y su rostro siempre fueron inmejorables. Mi hijo es sumamente hermoso… y a mí la boca se me hacía agua mientras lo veía… “Perdón, Dios, perdón…” me sentí culpable por desearlo de una forma en que una madre no puede desear a su hijo. Tito se talló los párpados con los puños y extendió sus brazos para rodearme. Cuando sentí sus pectorales duros y joviales aplastando mis gordos pechos mientras nos abrazamos tuve un estremecimiento que incluso lo traspasó a él mismo. De pronto nos separamos un poco porque estoy segura de que mi hijo notó mis dos ...
... tetas comprimiéndose contra su piel. Y entonces sucedió lo que había estado esperando pero que a la vez me causaba una gran vergüenza: sus ojos claros bajaron ligeramente y se posaron sobre mis dos inflamados pechos, que se trasparentaban impecablemente debajo de la tela de gasa del babydoll mientras se balanceaban. Vi con claridad cómo sus pupilas se dilataban y cómo su nariz se estrechaba al contemplarme. Le oí incluso un jadeo de sorpresa al constatar que probablemente en vivo y en directo jamás había visto los senos de ninguna mujer… hasta ahora, y eran los míos, los de su propia madre. —¿Todo bien, mi amor? —le pregunté respirando con mucha dificultad, propiciando que mi pecho se inflara y se desinflara en cada suspiro, y que mis pezones duritos se marcaran cada vez en la tela. —S…í —respondió casi con un murmullo. Noté angustiada el impacto de su expresión. El rubor de sus mejillas me indicó la incomodidad que sentía al mirarme los senos tan llenos bajo la tela de gasa, y yo sólo podía pensar que si no hacía algo, los dos terminaríamos huyendo para siempre, el uno del otro. —Hoy… será… un gran día…hijo. No sé cómo hice para fingir que no pasaba nada mientras persistía su mirada embobada clavada sin disimulo en mis grandes masas de carne. —¿Eh...? S…í… ma…mi.. De hecho hasta me obligué a sonreírle como si no me hubiera dado cuenta de que estaba casi con las tetas al aire delante de él. Mi hijo por fin levantó sus ojos al ser consciente de lo que hacía ...