1. El Lobo del Rancho


    Fecha: 04/10/2025, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos

    ... de julio, 1998. Ya no soy joven. Mi cuerpo se marchita, pero Él no parece importarle. Dice que mi carne sigue siendo dulce. Cuando me lame entre las piernas, siento que soy de nuevo una muchacha..."
    
    Gimena se mordió el labio. Las páginas olían a lavanda y a algo más... a sexo rancio, a sudor animal. Su madre había escrito hasta el final, hasta ese último encuentro donde describía cómo el Lobo la montó en la cama matrimonial, los aullidos de ambos mezclándose con el sonido de los resortes.
    
    Gimena no podía dejar de leer. Las páginas se le pegaban a los dedos, húmedas por el sudor de su excitación.
    
    "12 de agosto, 1992. Hoy me tomó por detrás, como un animal. Sus garras me marcaron las caderas mientras me llenaba. Después, me obligó a arrodillarme y... Dios mío, nunca había sentido algo así. Su lengua es larga, demasiado larga. Llegó hasta donde ningún hombre ha llegado. Grité, pero no de dolor..."
    
    Un gemido escapó de los labios de Gimena. Se llevó una mano entre las piernas, sintiendo la humedad que empapaba su ropa interior. ¿Cómo era posible? Su madre—la perfecta, la devota—había sido una puta para esa bestia.
    
    "5 de enero, 2005. Mis pechos ya no son firmes, pero a Él le encanta chuparlos igual. Dice que el sabor de mi piel madura es adictivo. Esta noche me hizo gritar cuando me mordió los pezones mientras me penetraba el culo. Sangré, pero el placer... el placer fue tan intenso que olvidé mi nombre."
    
    Gimena cerró los diarios de golpe, pero ya era demasiado ...
    ... tarde. Su cuerpo ardia de deseo.
    
    La lámpara parpadeó, proyectando sombras danzantes sobre las páginas nuevamente abiertas del diario. Gimena no podía detenerse. Sus dedos resbalaban entre sus pliegues, empapados en su propio deseo, mientras devoraba cada palabra obscena:
    
    "Él me obligó a ponerme a cuatro patas en el granero. Sentí su hocico caliente recorriendo mi espalda antes de que sus colmillos me atravesaran las nalgas. Sangré, sí, pero cuando empezó a empujar dentro de mí, olvidé el dolor. Su verga es gruesa como mi brazo, con nudos que se hinchan dentro de mí. Me destroza y me hace venir como una animala..."
    
    Gimena ahogó un gemido contra el dorso de su mano. Su clítoris palpitaba bajo sus dedos febriles, imitando el ritmo de las palabras que leía. Era solo morbo, de cómo su madre había fantaseaba con placeres que ella ni siquiera podía imaginar.
    
    De pronto, una ráfaga de viento helado apagó la lámpara.
    
    En la oscuridad, algo respiró junto a su oído.
    
    —"¿Te gusta lo que lees, pequeña heredera?"
    
    Gimena contuvo el aire en sus pulmones cuando la sombra emergió de la oscuridad. El Lobo no del todo bestia, no del todo hombre. Su torso musculoso brillaba bajo la luz de la luna, marcado con cicatrices rituales, y el taparrabos de piel curtida apenas contenía el volumen de su promesa. En su espalda, el machete reflejaba un filo hambriento.
    
    Con un movimiento fluido, arrojó algo pesado a los pies de la cama: un chivo salvaje, su garganta recién destrozada, aún ...
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