1. La nueva escuela (1). El método Blissot


    Fecha: 10/10/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... hacia él con sonrisa conspiradora, y saboreó el deseo.
    
    Y pensó, como tantas veces:
    
    Voy a salir escaldado. Pero qué demonios... esto merece el incendio.
    
    ***
    
    Marian no había planeado terminar aquella tarde en la enorme terraza de un piso del centro, con un vestido ya pegajoso de calor y un hombre que sonreía como si acabara de ganar una apuesta que nadie más sabía que se estaba jugando.
    
    La tormenta eléctrica iluminaba las nubes pesadas mientras el aire denso del verano les rodeaba. La ciudad parecía contener el aliento, igual que ella, y había sido la excusa perfecta para abandonar la calle y el desigual trío. Inés se habla despedido y una vez solos César le había invitado a subir y tomar un vino, lo cual habría sido tan descortés rechazar…
    
    —¿Sabes que deberías llevar cartel de advertencia, no? —le dijo él saliendo a la terraza, acercándose a ella y ofreciéndole una copa de vino blanco húmeda, helada y punzante.
    
    —¿Peligro: rubia con curvas? —respondió Marian, alzando una ceja. Era consciente de que tenía un aspecto más exótico que hermoso.
    
    —No. Algo más como “alta tensión, tocar bajo su propia responsabilidad” —respondió César en un susurro que Marian encontró tontamente sexy. Él se quedó observándola como si fuera un cuadro que no terminaba de entender, pero no podía dejar de mirar.
    
    Alta, rotunda, con unas formas abundantes que tensaban la tela de aquel vestido, caderas anchas, nalgas carnosas y turgentes. Y con aquella piel tan blanca y esos ojos ...
    ... tan claros….
    
    Ahora, con la ciudad ardiendo bajo sus pies, y un trueno sonando como preludio, el ambiente se había cargado. Hablaron unos momentos, no hablaban de sexo, pero todo lo que decían era un rodeo descarado.
    
    Cuando ella finalmente apoyó la copa vacía en el suelo y se acercó un paso, César sonrió como quien se sabe culpable y encantador.
    
    —¿Y ahora qué? —preguntó.
    
    —Ahora dejas de hablar de una vez….—dijo Marian.
    
    Y se besaron.
    
    Fue un beso lento, cálido, como ese primer sorbo de café en invierno., casi tentativo. Pero con un segundo trueno, se volvió hambre. Él respondió como si hubiera estado esperando la orden durante horas, y sus lenguas se enredaron en un juego sinuoso, húmedo y ansioso. Las manos de César se aferraron a su cintura con fuerza brutal, como si necesitara asegurarse de que ella no iba a evaporarse con el calor. Marian se pegó a su cuerpo, notando cada línea, cada músculo que la camiseta apenas ocultaba.
    
    —Dios… cómo me gustas —susurró él, contra sus labios—. Me da rabia lo mucho.
    
    —Pues ya que te molesta, haz algo útil con esas manos.
    
    No necesitó decírselo dos veces. En cuestión de segundos, estaban dentro del piso, luchando entre las cortinas que ondeaban por la tormenta, ajenos al ruido lejano del tráfico. El vestido cayó al suelo como si se rindiera, y la ropa interior no tardó en seguirle formando en el suelo una oda a la urgencia del deseo. Él la miró despacio, dejando rodar sus ojos por sus grandes tetas de enormes pezones ...
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