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La nueva escuela (1). El método Blissot
Fecha: 10/10/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... rosados, duros como puntas de flecha, por su coño cubierto de una mata encrespada de vello rubio oscuro, por sus muslos regordetes pero firmes . César la miraba como si acabara de descubrir un tesoro escondido en una playa olvidada. —¿Sabes cuántas veces he imaginado esto desde que te vi el primer día de cole? —le dijo acariciando suavemente su costado. —¿Sabes cuántas veces lo sospeché? —respondió ella, mientras le sacaba la camisa por la cabeza —. Aunque no imaginaba que debajo de tanto desorden hubiera esto... —Puro marketing afectivo —dijo él, entre risas, mientras la guiaba hacia el sofá con una mezcla de urgencia y delicadeza. Se recostaron. Las caricias eran decididas, pero lentas. No había prisa; había apetito, sí, pero también deseo de saborear, de deleitarse, de descubrirse. Los dedos de César exploraban la piel de Marian como si en ella estuviese escrito un alfabeto invisible: desde el cuello, bajando por el valle de su pecho, amasando sus tetas y pellizcando sus pezones, descendiendo por sus costados hasta su vientre, donde hizo una pausa que la hizo estremecer. -¿Por qué paras…? Marian se arqueó cuando él comenzó a besarle los muslos, con una mezcla de ternura y travesura. Sus labios eran cálidos y su barba le raspaba justo lo suficiente para que cada roce le arrancara un gemido contenido. —Vas a tener que dejar de fingir control —dijo César, mirándola desde abajo—. Porque me está dando ganas de desobedecerte todo. —¿Y quién dice que ...
... quiero… que me obedezcas…? – su voz temblaba. Él respondió enterrando el rostro entre sus piernas con una maestría pausada, rítmica, casi cruel. Su coño estaba ya empapado, con unas gotitas espesas brillando entre los labios gordezuelos cubiertos de vello. La lengua de César se deslizó con deliberada lentitud desde el perineo hacia arriba, recorriendo esa rajita despacio, abriéndola apenas a su paso, hasta encontrar su clítoris. Ella se aferró al respaldo del sofá, murmurando su nombre con la voz ronca, con un sobresalto casi eléctrico al notar la punta de su lengua haciendo círculos sobre su capuchón, sensible e inflamado. Las caricias de la boca de César en su coño la hicieron gemir en voz baja. -Sí…sí… - exclamó entre jadeos. La lengua, traviesa y audaz, se deslizó hacia abajo, probando y lamiendo ese coño cada vez más mojado de flujo y de saliva, jugando a introducirse en ese hueco ajustado que sabía a sal densa, antes de volver a jugar en el clítoris, vibrando sobre él de lado a lado, de abajo arriba, en círculos, apretando y aflojando, aumentando poco a poco la intensidad, guiándose por los gemidos cada vez más agudos de Marian, que se retorcía en el sofá empujando su pelvis contra la cara de César, contra la boca de César, contra los labios de César, contra la boca de César. -Ay cómo me gusta… ay… ayyyy… Marian notaba el placer recorriendo su cuerpo en oleadas concéntricas que brotaban de su coño y se extendían por su vientre, por un estómago, por sus pecho, ...