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La nueva escuela (1). El método Blissot
Fecha: 10/10/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... cuerpo. Por un lado, un placer eléctrico, desconocido, estimulante, como sin tomase repentina consciencia de una parte de sí misma que no sabía que estaba esperando despertar. Pero por otro lado una mezcla de vergüenza, miedo y rechazo, de estar disfrutando de algo un poco sucio, y temiese ir más allá. César dio un último repaso, rebañando con su lengua, y hurgó con su mano el cajón de la mesa de centro hasta sacar un bote mediado de lubricante, del que dejó caer un buen chorro justo en el culo de Marian, brillante de saliva. -Uy… frío… Protestó Marian con una rosita ruidosa y un resoplido. Sintió el dedo de César repartir la crema, a la vez que presionaba un poco la entrada. No cedía fácilmente. Marian, inconscientemente apretó, a pesar de que quería aflojarse. El dedo presionó un poco más fuerte, y tras unos momentos de incertidumbre se terminó deslizando dentro gracias al lubricante. -¡Ay…! Marian contuvo un gritito, quejándose, y César notó la notable tensión de sus esfínteres, devanándose por expulsar al incómodo intruso, y el suave y gomoso terciopelo mojado de su recto, tan acogedor y delicados. Dejó el dedo quieto, enterrado hasta el nudillo, mientras María respiraba nerviosamente y su cuerpo, su trasero, su ano se iban reacomodando y asumiendo su sacrificio. Apretaba. Mucho. Pero era riquísimo. Y perverso. El aire de salón se había vuelto asfixiante, opresivo, cremoso. César comenzó muy lento a sacar el dedo, y sin llegar a abandonar del ...
... todo el orificio, empujarlo de vuelta dentro otra vez. -Ah… ufff….ayy… Marian gemía al compás de las entradas y salidas de aquel dedo, los ojos apretados fuerte, el culo ardiendo. Durante unos interminables momentos, todo fue deseo, exploración, lujuria. Una danza, o más bien la anticipación de una danza entre lo desconocido y lo profundamente íntimo, una mezcla de juego, paciencia y fuego contenido. César sacó el dedo, casi esperando escuchar un sonido de descorche, y el culo de Marian se contraía, sin querer soltarlo del todo. Se masturbó la polla con brío, embarrándola de lubricante, y se colocó a horcajadas sobre ella, enfilando la cabeza hinchada, reventona, justo entre sus nalgas. Justo en su centro de gravedad. Justo en su culo. -¿Vas a… hacerlo ya? – preguntó Marian, aunque era obvio. César frotó, provocador, la cabeza de su polla en su ano, haciendo pequeños cículos, espiráculos minúsculos. – Despacito, ¿sí? César afirmó con la cabeza, y empujó con firmeza calculada, sujetando bien la polla en su sitio para evitar que resbalase y marrar el objetivo. No hubo manera. Hubo voluntad. Hubo suspiros y lamentos y protestas y mucha paciencia. Hubo intentos, reintentos, cambios de postura. Lo que no hubo es forma humana de romper ese culo. Terminaron por cejar en el empeño, consumado el fracaso aunque sin consumir el deseo, y los dos entrelazaron sus cuerpos por vías más convencionales, dejando que coño y boca fuesen el alivio a la erección casi dolorosa ...