1. Compañeros - Capítulo 17: Jugando con fuego


    Fecha: 14/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... abajo —respondió él.
    
    Miguel salió de la habitación y bajó al salón. Allí encontró a Luis, que ya se había puesto también ropa cómoda: chándal gris y una sudadera oscura. Estaba curioseando la chimenea.
    
    —¡Ey! —lo saludó Miguel acercándose—. ¿Qué tal la habitación?
    
    —De lujo, tío. Cama enorme, vistas, baño propio… Esto es vida —respondió Luis con una sonrisa ancha—. ¿Y vosotros, todo bien?
    
    Miguel asintió distraídamente, todavía con lo de Daniela rondándole la cabeza. Pensó en contárselo a Luis, pero decidió que era mejor no decir nada. No quería que Carlota se sintiera incómoda si se enteraba, ni tampoco darle a Luis razones para pensar cosas raras.
    
    —Sí, todo genial —dijo simplemente.
    
    Se unió a Luis frente a la chimenea. Un fuego pequeño ardía ya; probablemente alguien del servicio de la familia lo habría dejado listo. Las brasas anaranjadas proyectaban un calor suave que invitaba a relajarse. Miguel extendió las manos hacia las llamas un momento, en silencio junto a su amigo.
    
    Luis lo miró de reojo, percibiendo cierta incomodidad en Miguel.
    
    —¿Seguro que todo bien? —preguntó Luis en voz baja—. Tienes cara rara.
    
    Miguel vaciló, pero la mirada franca de Luis, su amigo de tantas confidencias, lo animó.
    
    —Nada, una tontería… —empezó—. Es que Daniela entró en la habitación cuando yo salía de la ducha y… bueno, me vio en toalla. Casi en bolas, vaya.
    
    Luis alzó ambas cejas, sorprendido, y luego soltó una carcajada.
    
    —¿En serio? Joder, qué morro tiene ...
    ... —dijo divertido—. ¿Y Carlota?
    
    —Carlota ni se enteró, estaba buscándola en otro lado.
    
    Luis negó con la cabeza, sonriente.
    
    —Esa Daniela… Le habrá dado gusto la vista, ¿no? —soltó con un codazo a Miguel—. Que tú desnudo debes impresionar.
    
    Miguel se rió, algo más relajado al ver que Luis no se lo tomaba a mal.
    
    —Cállate, tonto. Ha sido un segundo, tampoco es para tanto.
    
    Luis se encogió de hombros, como diciendo “si tú lo dices”.
    
    —Bueno, nosotros casi nos cruzamos también —comentó—. Yo salí de la ducha con la toalla al pasillo y casi me topo con Carlota, que iba a vuestra habitación.
    
    —Vaya cuadro —rio Miguel—. En esta casa va a haber que llamar antes de entrar a los cuartos.
    
    —Pues sí —asintió Luis—. Aunque mira, confianza hay, ¿no? Tampoco pasa nada.
    
    Se dedicaron una sonrisa cómplice. Había algo excitante incluso en esos descuidos inocentes; parecía presagiar el ambiente de intimidad que se estaba creando entre los cuatro, aun sin saberlo.
    
    Poco después, las chicas bajaron ya duchadas y cómodas. Carlota vestía un pijama sencillo: pantalón de algodón ajustado y una camiseta holgada, probablemente de su padre, que le daba un aire dulce. Daniela, fiel a su estilo provocativo, apareció con unos shorts diminutos de tela y una camiseta corta que dejaba un centímetro de vientre a la vista. Luis tuvo que esforzarse por no quedársele mirando embobado, pero Daniela se dio cuenta y le dedicó una miradita satisfecha.
    
    —¿Hacemos algo de cenar? —propuso Carlota, ...
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