1. Compañeros - Capítulo 17: Jugando con fuego


    Fecha: 14/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos

    ... dirigiéndose a la cocina abierta junto al salón.
    
    —Habrá que alimentarse, sí —afirmó Miguel, siguiéndola—. ¿Qué tienes por aquí?
    
    —Mis padres dejaron la nevera llena el fin de semana pasado —dijo ella—. Hay embutido, pan, huevos… Podemos picar un poco de todo, ¿os parece?
    
    Todos estuvieron de acuerdo en cenar de picoteo y no complicarse. En equipo improvisaron unos platos con queso y jamón, abrieron una bolsa de ensalada y calentaron una tortilla de patatas precocinada en el microondas. Mientras Carlota servía unas copas de vino tinto para cada uno, Luis rondaba por la cocina curioseando.
    
    —¿Te ayudo en algo? —ofreció él, colocándose cerca de Carlota mientras ella buscaba vasos en un armario alto.
    
    —Si quieres ve llevando esto a la mesa —respondió ella, alcanzándole la tabla con el queso cortado.
    
    Luis asintió, pero al moverse hacia ella para coger la tabla, Carlota también dio un paso al lado sin mirar. Fue un segundo: su cuerpo menudo se rozó contra el costado de Luis, atrapado brevemente entre la encimera y él. El brazo de Luis, robusto, chocó con suavidad contra los pechos de Carlota, y la cadera de ella se apretó contra la de él un instante.
    
    —Uy, perdón… —musitó Carlota, levantando la vista.
    
    Luis se había quedado quieto, sorprendido por el contacto. Cuando los ojos oscuros de Carlota se encontraron con los suyos, a escasos centímetros, a ambos se les cortó la respiración un momento. Carlota sintió la solidez del pecho de Luis contra su brazo y una ...
    ... oleada de calor inesperada le subió al cuello. Luis olía a jabón fresco y a hombre, una mezcla embriagadora que la hizo tragar saliva.
    
    —No pasa nada —acertó a decir Luis en voz baja, manteniendo la mirada fija en ella.
    
    Por un latido de corazón, ninguno se movió. Carlota notó la palma de Luis rozando su cintura al sostener la tabla; sus dedos grandes prácticamente tocaban la piel donde se alzaba un poco su camiseta floja. Sin saber por qué, sintió un cosquilleo que le erizó el vello de la nuca.
    
    Finalmente, Carlota reculó un paso, rompiendo la burbuja.
    
    —Ten, llévala tú mejor —dijo, dándole la tabla y girándose de nuevo hacia la botella de vino para ocultar su nerviosismo.
    
    Luis se aclaró la garganta y se fue al comedor con los demás, algo turbado pero extrañamente excitado por ese roce fortuito.
    
    La cena transcurrió tranquila y agradable. Se sentaron en la mesa redonda del comedor, comiendo un poco de todo, bebiendo vino y charlando sin parar. Las anécdotas de las chicas sobre viajes pasados a Formigal hicieron reír a los chicos, y a su vez ellas se divertían con las historias que Miguel y Luis contaban de sus días en el colegio mayor y de sus amigos Jordi y Arnau.
    
    Había una química natural entre los cuatro; era fácil sentirse en confianza. Cada tanto se lanzaban miradas significativas: una mano sobre el muslo de la pareja aquí, un guiño allá. El vino tinto entibiaba la sangre y relajaba los músculos tras el viaje.
    
    Decidieron no trasnochar demasiado para poder ...
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