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Compañeros - Capítulo 17: Jugando con fuego
Fecha: 14/10/2025, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... mutuamente con las guarradas que planeaban hacer. Era una extraña competencia, alimentada por la confianza que se tenían y por la calentura propia de su edad. Ninguno quería admitirlo, pero después de tantas semanas compartiendo habitación habían perdido mucha vergüenza. Hablar de sexo había dejado de ser tabú entre ellos, sobre todo después de lo que ya habían compartido juntos. Luis bajó la voz de pronto, volviéndose hacia Miguel con una media sonrisa casi tímida, cosa rara en él. —Oye… —dijo—. Hablando de acabar seco… Igual deberíamos, ya sabes… aliviarnos un poco antes de ir, ¿no? Miguel notó un escalofrío de anticipación recorrerle la espalda. Miró a Luis; su amigo tenía la mirada clavada en el techo, como si hubiera soltado la idea casualmente, pero se notaba la tensión en sus hombros, en la forma en que tamborileaba los dedos sobre su propio pecho. —¿Te refieres a ahora? —preguntó Miguel en voz baja. Luis giró el rostro hacia él y se encogió de hombros, haciendo como que no era gran cosa, aunque sus mejillas se habían encendido levemente. —Sí, bueno… Quiero decir, vamos a estar todo el día de mañana con ellas, y quiero llegar sin la leche acumulada de una semana —soltó con una risita nerviosa—. No vaya a ser que me corra en dos minutos cuando esté con Daniela. Miguel soltó un bufido divertido. Él también estaba que no podía más; llevaba días recordando las caricias de Carlota, esperando este viaje para poder estar con ella de nuevo. Y, por qué ...
... negarlo, también llevaba su buena temporada sin cascársela en condiciones. Estudiando y con Carlota rondándole por la cabeza, no había tenido paz para una paja decente. Miró la hora: pasaban de las doce de la noche. En pocas horas estarían en carretera rumbo a la nieve… y con dos chicas con las que sin duda acabarían en la cama. Quizá no era mala idea hacer lo que Luis sugería. —Vale —dijo al fin, tragando saliva—. Pero… ya sabes. —Ya sé —asintió Luis inmediatamente—. Solo paja. Había una comprensión tácita entre ellos. Lo habían hecho antes: tocarse el uno al otro cuando la necesidad apretaba, sin hablar mucho del tema después. Las líneas se habían difuminado aquella Nochevieja en que juraron que sería “una sola vez”, pero desde entonces la tensión no resuelta seguía viva. Miguel todavía se preguntaba a veces qué significaba aquello, pero ahora mismo no quería hacerse más líos en la cabeza. Quería aliviarse y punto. Ambos se incorporaron hasta quedar sentados en sus respectivas camas, uno frente al otro en la pequeña habitación. La lámpara del escritorio alumbraba con una luz cálida y débil. Fuera, el pasillo estaba en silencio a esas horas. Luis fue el primero en deslizar su mano por el elástico de su pantalón de pijama. No llevaba calzoncillos debajo, así que su polla salió libre casi de inmediato, dura bajo la tela fina. Miguel sintió un latigazo de calor al verla: gruesa, rojiza en la punta, palpitando ya con ganas. Él tragó y bajó la cremallera de sus ...