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Con la profesora (parte 5)
Fecha: 20/10/2025, Categorías: Grandes series, Autor: glupo, Fuente: CuentoRelatos
... tercero. Ahora gritaba de placer. Mi pene estaba durísimo y se frotaba contra su clítoris. Yo besaba sus tetas, luego la besaba en la boca y volvía a sus tetas. Cuando mis tres dedos entraban sin dificultad en su ano y Patricia ya se había corrido un par de veces, llegó el momento de volverle a reventar ese hermoso culo. Se levantó, se recostó en el borde de la cama, boca arriba y levantó sus piernas poniéndolas a la altura de sus hombros. Su culo en pompa estaba completamente a mi disposición. Su ano, ya dilatado, estaba frente a mí. Acerqué la punta de mi pene a su ano y lo fui metiendo suavemente, con lo dilatado y lubricado que estaba, entró muy fácilmente. Me apoyé en la parte trasera de sus rodillas y las empujé hacia su cuerpo. comencé a moverme suavemente, ella seguía gritando, metiéndose dos dedos en la vagina. -¡eso es! ¡así! Mastúrbate mientras te reviento el culo –le dije. -¡si mi amor! Reviéntame el orto que yo me encargo de mi conchita –dijo– quiero bañarte con mi corrida mientras me destrozas el culo. Continué con mis embestidas, cada vez acelerando un poco más. Se metía dos dedos con mucha fuerza en la vagina, frotándose también el clítoris. En su cara podía ver que lo estaba disfrutando. Seguí embistiendo, ella se seguía masturbando, hasta que comenzó a venirse, lanzando chorros de corrida encima de mi abdomen. Mientras se corría, gritaba como loca. Eso hacía que yo me mueva más rápido y fuerte. Seguimos en esa posición unos minutos más, hasta ...
... que me pidió cambiar de posición. La puse a cuatro patas. Patricia abrió sus nalgas, me acomodé encima de ella, con las piernas a la altura de su cintura. Y así desde arriba se la volví a meter por el ano. Su cabeza estaba apoyada en la cama, gemía fuertemente. Volví a sentir como se corría una vez más. Y eso hacía que me vuelva loco. -Me voy a venir mi amor –dije. -Lléname el culo –dijo tratando de recuperar el aliento. -¡Ahhh! –grité, mientras varios chorros de leche le llenaban el culo. -Ah que rico mi amor, me encanta como me coges –dijo ella. -Y aun no acaba –dije mientras me levantaba y la ayudaba a ella– desde anoche que quiero cogerte en la terraza. Salimos, verificamos que no haya nadie cerca, y la recosté en la tumbona. Me puse encima suyo y coloqué mi pene, medio erecto, en su vagina. Lo metí con dificultad, ya que estaba perdiendo dureza. Pero después de unos movimientos, acompañados de ardientes besos y masajes en sus tetas, se volvió a poner duro como una piedra. La penetraba con fuerza, estaba como poseído. Quería hacerle el amor con fuerza. Después de unos minutos, oímos que la pareja vecina volvía a salir a su terraza. Me detuve, pero en ningún momento salí de dentro de ella. Nosotros estábamos ligeramente tapados por la baranda de nuestra terraza. Pudimos darnos cuenta que estaban más ebrios que la noche anterior. Ambos estaban desnudos, él se sentó en la tumbona y ella se sentó encima, ensartándose el pene de golpe. Lo cabalgaba ...