1. Mi cuerpo, sus reglas


    Fecha: 20/10/2025, Categorías: Sexo Virtual, Autor: Fernando, Fuente: TodoRelatos

    En 2017, con 21 años y viviendo en Italia, encontré refugio en las conversaciones online durante mi rutina diaria. Así conocí a Luisa, una chica española, en un chatroom. Al principio intercambiábamos mensajes simples, pero pronto la conversación se volvió intensa y llena de deseo. Pasamos a Kik y luego a Skype, donde ella me enviaba fotos: alta, delgada, con tatuajes por todo el cuerpo, y una voz grave que me fascinaba.
    
    Nunca mostró su rostro en cámara, y yo tampoco, pero esa distancia solo intensificaba la tensión. Nos escribíamos todos los días y, poco a poco, ella comenzó a tomar el control, guiándome con su voz mandona mientras yo obedecía frente a la cámara, entregado a ese juego que me excitaba profundamente.
    
    Mientras la noche envolvía mi pequeño departamento en Italia, me sentaba frente a la computadora con el corazón acelerado, esperando la llamada de Luisa. La pantalla iluminaba tenuemente la habitación, mientras mi mano temblaba un poco al deslizarse lentamente por mi piel, preparándome para el juego que ella dirigía.
    
    Su voz grave y segura rompía el silencio, ordenándome con dulzura y firmeza qué hacer, qué tocar, cómo respirar. Cada palabra suya se convertía en una caricia invisible que recorría mi cuerpo, despertando sensaciones que solo ella podía provocar a distancia.
    
    Sus tatuajes aparecían en mi mente, los contornos de su piel dibujados con tinta que me excitaban sin verla realmente. Mientras mis dedos se movían siguiendo sus indicaciones, sentía ...
    ... una mezcla de vulnerabilidad y poder, de entrega y control.
    
    El eco de su voz era un hilo invisible que me ataba a ella, y por un momento, a pesar de la distancia, éramos dos cuerpos fundiéndose en un solo deseo.
    
    La pantalla parpadeó y apareció su nombre: Luisa. Mi respiración se aceleró. Al responder, su voz grave me envolvió al instante.
    
    —¿Estás listo? —preguntó con un tono firme, pero con un dejo de diversión.
    
    —Sí… —mi voz tembló un poco, sentía que todo el cuerpo se activaba.
    
    —Quiero que te desviste lentamente, despacio, que sienta cada movimiento. Muéstrame cómo tus manos recorren tu pecho. —Su voz era una orden dulce, pero imposible de ignorar.
    
    Mis dedos temblaban, pero obedecí, deslizando mis manos por mi torso, imaginando que eran las suyas.
    
    —Perfecto —murmuró—. Ahora, toca tu cuello, siente mi aliento ahí, cerca, aunque no pueda estar contigo.
    
    —Lo siento… como si estuvieras aquí —le dije, más seguro.
    
    —Respira profundo, inhala el deseo, exhala el miedo.
    
    Mis manos bajaron lentamente, sus palabras guiaban cada movimiento.
    
    —¿Quieres que siga? —pregunté, buscando su permiso.
    
    —Claro que sí, y quiero que escuches mi voz, que dejes que te lleve. ¿Puedes hacerlo?
    
    —Sí, puedo.
    
    —Muy bien, entonces, imagina mis dedos recorriendo tu espalda, mis labios en tu oído, susurrándote cuánto te deseo.
    
    Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, sus palabras eran un fuego invisible.
    
    —No te detengas, quiero verte completamente entregado.
    
    — Lo ...
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