1. Mi cuerpo, sus reglas


    Fecha: 20/10/2025, Categorías: Sexo Virtual, Autor: Fernando, Fuente: TodoRelatos

    ... puedo…
    
    —Puedes. Porque ahora estoy encima de ti, mis tatuajes sobre tu piel, mis uñas clavándose en tu espalda. Siento cómo me llenas, cómo me estiras por dentro… —su voz se convirtio en un gemido mientras podia escuchar sus dedos entrar y salir del otro lado de la pantalla.
    
    Mi respiración se volvió irregular. Cada palabra suya me empujaba más cerca del borde.
    
    —Imagina cómo me muevo sobre ti, húmeda, apretada, mojándote por completo mientras gimes mi nombre.
    
    —Luisa… —mi voz se quebró.
    
    —Tócame, imagina mis pechos en tu cara, mi boca jadeando en tu oído, diciendo cuánto me encanta lo duro que estás.
    
    Mi mano ya no podía detenerse. Estaba ardiendo.
    
    —¿Estás cerca? —preguntó.
    
    —Mucho.
    
    —Entonces córrete para mí. Quiero oírte. Quiero imaginar tu cara cuando lo hagas.
    
    Y con un último gemido, exploté. El placer me recorrió como una descarga eléctrica, dejándome sin aliento, jadeando fuerte frente a la cámara.
    
    Silencio. Solo el zumbido suave del ventilador, y mi pecho subiendo y bajando con violencia.
    
    —Así me gusta —dijo ella, suave, casi tierna—. Mi buen chico… tan obediente.
    
    Permanecí en silencio unos segundos, con la respiración desbordada y la piel aún vibrando por ...
    ... dentro. El sudor me corría por la sien, y mi cuerpo entero parecía flotar en un punto medio entre agotamiento y deseo satisfecho.
    
    Ella no dijo nada al principio. Solo se escuchaba su respiración al otro lado del auricular, pausada… pesada. Como si estuviera ahí, frente a mí, tocándome con los ojos.
    
    —¿Te gustó? —preguntó al fin, con esa voz suya que parecía envolverlo todo.
    
    —Mucho —respondí—. Me hiciste sentir cosas que nunca nadie había logrado.
    
    —Eso quiero —murmuró—. Quiero que cada vez que pienses en mí, tu cuerpo recuerde cómo te hice temblar… sin tocarte.
    
    Cerré los ojos. Su imagen, aunque irreal, era vívida. Esos tatuajes que tanto había deseado besar, esa voz que ahora se me quedaría pegada a la piel.
    
    —Luisa… —dije, apenas audible—. Ojalá algún día...
    
    —No digas nada más —me interrumpió, suave—. Ya sabes lo que quiero de ti. —¿Qué cosa? —Tu obediencia. Tu deseo. Tu entrega… cada noche. Hasta que yo decida venir a buscarte.
    
    La llamada terminó con un clic suave. No hubo despedida. Solo el silencio... y el ardor dulce de un cuerpo que aún no terminaba de entender si lo vivido fue real o fantasía.
    
    Y ahí quedé. Solo. Con el pecho latiendo y una idea fija en la cabeza: "Quiero más." 
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