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El Vicio de Manuel, su primera vez
Fecha: 23/10/2025, Categorías: Gays Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos
... camiseta ajustada que marcaba su pecho y unos jeans que no dejaban mucho a la imaginación. Pedimos cañas y tapas: jamón, queso, unas patatas bravas. Hablamos de todo: del trabajo, de la política, de cómo el mundo se iba al carajo. Raúl me contó de su vida en Sevilla, de sus aventuras con hombres, sin filtros, como siempre. Yo me reía, curioso pero distante. Al final de la tercera caña, me miró con picardía y dijo: "Oye, Manuel, después de esto voy a la Sauna Mar. Es un sitio de osos, ya sabes, tíos grandes como tú, para pasarlo bien. ¿Te animas a venir? Total, es como ver una película, no pasa nada si solo miras." Osos. Sabía lo que significaba: hombres grandes, peludos, maduros como yo. La Sauna Mar... había oído rumores, un lugar en Madrid donde los gays se reunían para follar sin tapujos. Mi curiosidad picó. ¿Por qué no? Pensé. Soy un hombre casado, heterosexual, o eso creía. Iría solo a ver, como un turista en un zoo. "Vale, vamos," dije, con una risa nerviosa. Raúl me dio una palmada en la espalda. "¡Ese es mi oso! Te va a gustar, ya verás." Llegamos a la Sauna Mar alrededor de las 10 de la noche. El lugar era discreto desde fuera, pero dentro era un mundo de vapor y luces tenues. Pagué la entrada, me dieron una toalla y unas chanclas, y entré con Raúl. Me quité la ropa en el vestuario, sintiéndome expuesto con mi barriga y mis canas, pero nadie me miró mal. Al contrario, algunos ojos se detuvieron en mí con aprobación. "Relájate, Manuel," dijo Raúl, envuelto en ...
... su toalla. "Ve a la sauna o al baño turco, y si algo pasa, pasa." Me metí en el baño turco, el vapor caliente envolviéndome como una manta. Estaba solo al principio, pero pronto entró un tipo: un oso como yo, de unos 50, con barba y pecho peludo. Se sentó cerca, y antes de que pudiera decir nada, su mano rozó mi muslo. "Joder, qué oso más rico," murmuró, y mi polla se movió, traicionándome. Intenté apartarme, pero él me besó, su lengua metiéndose en mi boca con una fuerza que me dejó sin aliento. Sus manos me tocaron el pecho, bajando hasta mi polla, que ya estaba dura. "Tranquilo, viejo," dijo, y me masturbó lento, mi gemido perdido en el vapor. No pude resistir. Me dejé llevar, y cuando se arrodilló y me la chupó, fue como un rayo. Su boca era cálida, experta, lamiendo mi polla como si fuera un helado, chupando mis huevos peludos mientras yo gruñía como un animal. "Joder, sí," jadeé, y me corrí en su boca, el placer explotando después de años de sequía. Pensé que eso era todo, pero no. Raúl apareció con un jovencito, un cachorro de unos 25, delgado y con ojos hambrientos. "Prueba esto, Manuel," dijo Raúl, y el chico se arrodilló, chupándome la polla que todavía palpitaba. El jovencito me puso duro de nuevo, y antes de darme cuenta, Raúl me animó a follarlo. "Dale, oso," dijo, y el chico se puso a cuatro patas, ofreciéndome su culo. Lubricé con un condón que me dio Raúl, y se la metí despacio, sintiendo cómo se abría para mí. "¡Fóllame, papá!" gimió el chico, y perdí ...