1. Putita de la residencia de estudiantes [1]


    Fecha: 30/11/2025, Categorías: Gays Autor: Keiran, Fuente: TodoRelatos

    El avión aterrizó en Budapest a las ocho de la tarde, el cielo sobre la ciudad estaba encapotado, pero no llovía. El aire, al salir del aeropuerto, a Marcos le pareció distinto: más seco, más frío, más desconocido. Se bajó las mangas del jersey y apretó contra el pecho la carpeta con los papeles de la universidad. No llevaba mucho equipaje, apenas una mochila y una maleta rígida con ruedas que se resistían al empedrado.
    
    Tenía 20 años, estudiaba Traducción en la Universidad de Salamanca, y esta era la primera vez que salía de casa más de dos semanas. Erasmus. Budapest. Había elegido la capital húngara por impulso: la beca era buena y la ciudad tenía algo de cuento oscuro que lo seducía. A él, que siempre había sido tímido, reservado, el último en hablar en clase. El empollón al que sus padres aún trataban como a un niño frágil.
    
    La residencia estudiantil en la que iba a alojarse quedaba a las afueras del campus universitario; un bloque de hormigón que había visto tiempos mejores, con grafitis en idiomas que no comprendía y olor a sopa agria en la entrada. Le dieron la llave en la maltrecha recepción y le indicaron la habitación en un inglés apresurado.
    
    Subió por un ascensor oxidado, donde el espejo de la pared del fondo le devolvía la imagen de un chico flaco, con gafas empañadas y una mata de pelo negro revuelto por el viaje. Cuando abrió la puerta de la que sería su habitación durante los próximos 6 meses, ya había alguien dentro. El susodicho estaba de espaldas, ...
    ... agachado frente al armario, colocando ropa a empujones. Un muchacho de torso ancho, grande, de brazos fuertes con mucho vello.
    
    —¿Hola...? —Marcos lo dijo casi sin voz.
    
    El otro se giró. Tenía una barba espesa, mandíbula ancha, ojos oscuros y una expresión entre curiosa y molesta. Llevaba unos pantalones de deporte grises, de esos que dejan poco a la imaginación, con manchas de tierra seca aquí y allá, y olía a sudor reciente, a desodorante barato y a algo más... animal.
    
    —¿Tú eres el otro español? —preguntó con acento andaluz cerrado.
    
    —Sí... Soy Marcos. —Tendió la mano, dubitativo. El otro no se la estrechó enseguida. Lo miró de arriba abajo, como evaluándolo, y luego soltó una risa breve.
    
    —Qué pinta de empollón tienes, cojones. —Marcos se sonrojó y bajó la mirada ante esas palabras. —Yo soy Elías —dijo al fin, dándole una palmada fuerte en el hombro—. De Jaén. Bueno, de un pueblucho de allí. Esto va a estar curioso.
    
    Después de hablar un poco de ellos y de cómo había ido el viaje, Elías volvió a su tarea, dejando caer desde su maleta sus calzoncillos encima de la cama. Algunos eran tipo bóxer, otros eran slips, pero todos estaban muy desgastados. Marcos no pudo evitar mirar, tanto a los calzoncillos, como a aquel hombretón con el que iba a compartir habitación.
    
    —¿Has venido solo? —preguntó Elías mientras se rascaba la barriga.
    
    —Sí. O sea, no conozco a nadie aquí. Es mi primera vez fuera de casa.
    
    Elías resopló.
    
    —Se te nota.
    
    Elías tenía una presencia ...
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