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Putita de la residencia de estudiantes [1]
Fecha: 30/11/2025, Categorías: Gays Autor: Keiran, Fuente: TodoRelatos
... que llenaba la habitación. No solo por su cuerpo —grande, fuerte, con ese aire descuidado y potente— sino por su forma de hablar, de moverse, de ocupar el espacio. No era guapo, pero sí atrayente. A Marcos se le revolvió algo en el estómago. —Yo... eh... voy a deshacer la maleta —dijo Marcos. —Dale, pero no ocupes todo el puto armario. Que aquí compartimos, ¿eh? Y nada de dejar tus mierdas por ahí, que a mí me gusta el orden. —Vale, sí, claro... —Marcos asintió rápidamente, sumiso. Mientras se agachaba para abrir la maleta, sintió la mirada de Elías clavada en su espalda y la piel de la nuca se le erizó. Llegó la noche sin que hablaran mucho más. Elías le dijo a Marcos que iba a salir a tomar algo con unos cuantos chavales con los que ya había entablado algo de relación y le invitó a unirse, pero Marcos declinó la oferta. Estaba cansado, era tarde y necesitaba estar a solas un rato. Se sentía abrumado por la presencia constante de aquel hombretón de pueblo. Estuvo en la cama hablando con sus padres, escuchando música y ojeando sus redes sociales hasta que le entró sueño. No sabría precisar en qué momento se quedó dormido, pero en algún punto de la noche Marcos se despertó de repente, sin saber dónde estaba ni qué hora era. Un sonido húmedo y rítmico a su lado le obligó a volver la mirada hacia allá; y entonces se acordó de dónde estaba. Vio a Elías haciéndose una paja, sin disimulo alguno. —Uff… perdona si te he despertado, tío —gruñó con la voz grave, rota ...
... por la respiración entrecortada—. Mira que vengo cansao… pero me pesaba tanto la polla que si no me la sacaba, reventaba. Marcos no podía creerlo. Debido a la penumbra, lo único que veía de su compañero de habitación era su silueta ensombrecida y el vaivén constante de su mano sobre su polla. Y el sonido. Y el olor. Olía a polla, a meado, a sudor, a sexo. Olía a hombre. Marcos sintió vergüenza, miedo, incluso algo de asco, pero no podía apartar la mirada de aquella figura, ni podía dejar de aspirar el aroma que emanaba de aquel tío. Estaba embelesado. —No te molesta que me la casque, ¿no? —siguió Elías, con voz más baja—. Si te molesta, pues ajo y agua, que esto es lo que hay. Marcos estaba mudo, pero seguía con su mirada fija en aquel movimiento bamboleante de la entrepierna de su compañero. El sonido se intensificó, Elías jadeaba con la boca abierta, como un animal. —Mmm… Me estoy sobando los huevos, tío… están sudadísimos. —Se rió. —Seguro que te los estás imaginando, gafitas. Seguro que no te haces una paja conmigo porque estás esperando a que yo acabe. Que sepas que mi olor se va a quedar de ambientador toda la noche. Marcos no respondió. No podía. Tenía la cara ardiendo y la mano petrificada cerca de su propio paquete, el cual ya estaba bastante abultado, luchando contra el impulso de tocarse. Intuía que Elías estaba borracho y por eso hablaba de forma tan soez, supuso que todo lo decía en tono de broma, pero le estaba empezando a asustar lo mucho que le ...