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Amigos en la fortuna. Octava parte
Fecha: 04/12/2025, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos
... hecho los cálculos? —preguntó Ana, mientras guardaba los platos de la cena. —Más o menos. Si tributamos bien, nos quedarán unos diez o quince millones limpios a cada uno. Es más que suficiente para que Isabel estudie donde quiera, para vivir sin agobios el resto de nuestra vida. —¿Y para montar tu proyecto personal lejos de Ele-Trading España, lejos de los Salvatierra? —Y para eso también. Ana lo observó en silencio. Después murmuró: —¿Y Héctor? ¿Te fías de él? Jandro frunció el ceño. —Nunca me he fiado del todo. Pero no quiero prejuzgar. Solo sé que si empieza a insinuar que él debe custodiar el boleto, yo seré el primero en decir que no. Ana asintió. Pensó en Lorenzo Jódar, en los mensajes que seguía sin borrar. Pensó que quizá ahora todo se complicaría más. Isabel, en cambio, estaba sola. Lorenzo se había marchado poco después del anuncio, con una mirada pensativa y un gesto de respeto. Ella aún olía a él en las sábanas, pero no se sentía del todo cómoda. Miró el techo y se dijo: “Ahora sí es posible que salgan las verdaderas caras”. La reunión del día siguiente fue más fría. Los doce estaban otra vez juntos, esta vez en un centro cultural que Jorge había reservado. Había café, agua, y muchas miradas serias. —Antes de nada —dijo Jorge—, tenemos que decidir qué hacemos con el boleto. Está aquí —sacó un sobre del interior de su chaqueta—. Y necesitamos un sitio seguro hasta que firmemos todo ante notario y lo ingresen oficialmente. —Yo ...
... puedo guardarlo —dijo Héctor, desde el fondo de la mesa—. Tengo una caja fuerte en la oficina de mi empresa. Es discreta y está asegurada. El silencio fue inmediato. Algunos se miraron entre sí. —Yo no creo que sea buena idea —intervino Julián—. No es por ti, Héctor, pero… es mucho dinero. Debería estar en una caja de seguridad oficial, en un banco. —Exacto —añadió Jandro—. O al menos bajo supervisión de varios. Jorge ha sido el organizador, Estefanía también. Que ellos lo custodien por ahora, hasta ver al notario. Héctor sonrió con frialdad. —¿Así que no confiáis en mí? Interesante. Treinta años de amistad para esto. —No es cuestión de confianza personal —dijo Félix, conciliador—. Es una cuestión de prudencia. Esto nos ha caído como un meteorito. Lo lógico es no precipitarse. —Sí, claro —replicó Héctor—. Pero no os cuesta desconfiar de mí en cuanto hay dinero de por medio. —Nadie ha dicho eso —insistió Sonia—. Por favor, no lo llevemos al terreno emocional. —¿Y a qué terreno lo llevamos, Sonia? ¿Al de los que sonríen por fuera y sospechan por dentro? El ambiente se tensó. Diane, que había estado callada, dijo con su suave acento británico: —Perdonad… pero quizás este no sea el momento para desacuerdos. Lo importante es que el boleto esté a salvo. Luego ya se discutirá el resto. —Estoy con ella —dijo Clara—. Que Jorge y Estefanía lo guarden, con copia de seguridad firmada. Y lo demás se vota cuando corresponda. Estefanía asintió, con una ...