1. Una Vida Peculiar. Epílogo (2ª Pte.). Cap. XIX


    Fecha: 19/12/2025, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Stholle, Fuente: TodoRelatos

    ... donde me tiraban la pitanza a los comederos que tenía al final de mi cochiquera. Básicamente era algo parecido a pienso industrial por lo duro e insípido que sabía. Tenía que hundir la cabeza y alimentarme como un animal. Las manos siempre atadas a la espalda. Solo salía de allí cuando iba a la ordeñadora.
    
    A la semana de llegar, me indicaron las esclavas que tocaba baño. Interiormente agradecí que me limpiaran. Llevaba una hebdómada recostada en una paja sucia adecentada con mis propios meados y deposiciones. Debía oler como la cerda en la que me estaba convirtiendo. Las esclavas de la señora me desataron la cadena del cuello sacándome del establo. Continuaba con las manos atadas a la espalda. Me llevaron al prado que circundaba dicho edificio. Ante mi sorpresa me hicieron tumbar en el suelo junto a un árbol y ataron mis tobillos con una cuerda de cáñamo. El otro extremo la pasaron por una de las ramas más gordas y altas del aludido sapino. Empezaron a tirar del cabo de la soga y mis piernas empezaron a subir, luego el resto de mi cuerpo. Terminé colgada de los pies de aquel árbol. Con una manguera apuntaron con auténtica maestría lacerándome mi aturdido cuerpo. Si gritaba, la ponían a más presión. Mi cuerpo, por el flujo constante del chorro, se iba balanceando de un lado a otro. Al tener las manos atadas a la espalda no podía protegerme. El agua en mi piel producía autenticas punzadas de dolor.
    
    De lo que se trataba, con esta técnica de limpieza, según explicó la ...
    ... señora, además de limpiarme, era que empezara a controlar mis emociones, cosa que poco a poco pude dominarme, quejándome con menos asiduidad.
    
    Aquellas duchas fueron repetidas regularmente, una vez a la semana o en periodos más cortos, si había algún acontecimiento que lo requiriera, durante los dos años que estuve en aquella finca.
    
    Al anochecer me volvían a sacar y colgada del mismo árbol, esta vez por las muñecas, me azotaban sin compasión. Me acuerdo que la señora, las primeras veces me dijo, —Serán treinta latigazos. Por cada lloro, grito o lamento que salga de tu asquerosa boca, el castigo será incrementado en cinco más. Tú decides.
    
    Aquel día, aún intentando aguantar todo lo que pude, al final se me escaparon varios lamentos de dolor lo que supuso veinte latigazos más.
    
    A partir de los seis meses de estar allí, parece ser que al bebe de mis Amos ya no le hacía falta tanta leche. Por lo que desde entonces, solo me ordeñaban un día por semana. En esa situación estuve otros seis meses. Al año más o menos ya no necesitaron más mi leche.
    
    Fue entonces cuando me vino sin esperarlo la primera regla después del parto. Me acuerdo que estando en el establo note una humedad por mis muslos y vi que había expulsado algo de sangre. No dije nada, sabía que en cuanto se enteraran me la harían limpiar con mi lengua. Ya, a estas alturas, no me daba asco casi nada de todas las inmundicias a las que había sido obligada comerme pero aun y así opté por callarme.
    
    Llegaron las ...
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