1. Mamar y tragar, todo es empezar


    Fecha: 01/01/2026, Categorías: MicroRelatos, Autor: Figueroa, Fuente: TodoRelatos

    El viento le levantaba la falda y ella no hacía nada por evitarlo. Tenía piernas de bailarina, el talle ajustado y el cabello hinchado como una vela. Era una chica de mirada encantadora gracias a la belleza de su rostro. Una cara redondita con hoyuelos en la sonrisa y boca hermosa. La posición natural de sus labios era quedarse un poco entreabiertos. Por el hueco asomaban unos dientes rectos y blancos. Todo en ella emanaba un encanto natural incuestionable.
    
    Se llamaba Ainhoa.
    
    Estábamos en primavera, a mediados del mes de abril. Nos habíamos internado en un rincón alejado del parque más grande de la ciudad. Los chopos del parque se había pasado el día en pleno éxtasis polinizador y el polen blanco que habían lanzado al aire recubrían el suelo con una capa como de pelusa. Parecía que habían acabado de trasquilar a un rebaño de ovejas. Ainhoa y yo también teníamos polen en el pelo y en la ropa en una especie debukkakevegetal masivo. Por suerte, ninguno de los dos éramos alérgicos.
    
    Acariciados por la noche y la luz tenue de unas farolas lejanas, nos besamos con avidez. Estábamos los dos de pie uno frente a otro. Tras largo rato, nos detuvimos para recuperar el aliento. Ainhoa me miró con chispas en sus grandes ojos verdes enmarcados entre estañas curvadas. Asomó una bella sonrisa. Me acerqué a ella y la cogí de las manos. Me ofreció de nuevo su boca. La tomé entre mis labios y me agarré a sus pechos. Después le besé el cuello. Su cabello y su piel olían a una fragancia ...
    ... almibarada.
    
    La agarré por la cintura y acerqué su cadera a la mía. Sentí un vivo fulgor en su entrepierna. La mía no le iba a la zaga. Se bajó la parte de arriba del vestido de flores que llevaba puesto y sus senos afloraron. Eran pequeños, naturales y terminados en punta. Pechitos de piel blanca como la leche y trufados de pezones diminutos. Los recorrí con los dedos y oprimí suavemente los pezones. Luego los lamí y los mordí con poca fuerza.
    
    Me desprendí de los pantalones y le enseñé mi desnudez recién despertada. Ainhoa cogió mi miembro erecto con deseo y timidez al mismo tiempo. Su mano era fresca, suave y temblorosa. Me pajeó muy lentamente, como si se hubiera quedado hipnotizada. Luego se inclino hacia delante, abrió la boca y acercó la cabeza hacia mi entrepierna. Se interrumpió a mitad del camino hacia mi glande y me miró con una pregunta en los ojos. Asentí y ella, complaciente, reanudó el movimiento detenido y se me metió el pene en la boca.
    
    Su técnica oral era mejorable. Me arañó un poco con los dientes. Pero consiguió succionármela sin pausa y casi entera. No estaba nada mal para ser su primera cata fálica. Además, mejoraba a cada chupada. Le auguraba una progresión meteórica hacia la excelencia mamadora. En poco tiempo dominaría el arte como una experta adiestrada a conciencia, estaba seguro de ello.
    
    Al poco le pedí que parara y se levantase la falda, pero que antes se quitara las bragas. Lo hizo y vi cómo se deslizaban por sus piernas de piel lechosa ...
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