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Mamar y tragar, todo es empezar
Fecha: 01/01/2026, Categorías: MicroRelatos, Autor: Figueroa, Fuente: TodoRelatos
... y lozanas. Eran unas braguitas de color azul cobalto. A continuación alzó la falda, ahora sí, y me mostró un triángulo negro de vello púbico. No me quedó claro si su sexo tenía ese aspecto tan encantador de forma natural o si se lo había depilado siguiendo un patrón, pero en cualquier caso era un triángulo de lados perfectamente simétricos y con la frondosidad adecuada, esto es poco tupido. No sobraba ni un solo pelito. Me agaché para verlo de cerca y olerlo. Luego levanté la vista hacia arriba para deleitarme viendo cómo sus pechos destacaban sobre el vientre liso. Volví a centrar mi atención en el bajovientre. Su coño estaba tan enardecido que casi burbujeaba. La abertura segregaba líquido como saliva la boca de un perro famélico. Me di cuenta en ese momento de que tenía el mismo tono de rosa vivo en los labios de la boca, en los pezones y en los labios vaginales. Me pregunté si sucedía así en todas las mujeres o era una particularidad de Ainhoa. Tenía que fijarme en la próxima mujer con la que yaciese para realizar una comparativa, me dije. Sin incorporarme todavía, le ordené que se girara. Lo hizo. Sus nalgas eran dos trocitos de carne curvados y turgentes como un globo hinchado. Otro día le pediré que me entregue el agujero del culo, pensé relamiéndome. Pocas cosas hay más excitantes que una muñeca de aspecto angelical siendo sodomizada. Entonces me alcé y me aferré de nuevo a sus pechos. Palpé sus pezones henchidos de sangre. Volví a ponerla mirando hacia mí. ...
... Bajé la vista y observé que ahora el coño le goteaba como si segregase melaza recién destilada. Nunca había visto un ardor vaginal semejante y me complació espléndidamente. Que ningún hombre haya desflorado antes a esta florecilla era otra señal de la incompetencia del sexo masculino, pensé. Por suerte allí estaba yo para remediar esa falta. Ensarté mi erección de carne en su vagina licuada. Noté la resistencia justa al inicio, pero la humedad vaginal facilitó las cosas y enseguida tuve paso libre. Ella apenas soltó un gemido. Admirable. La perforé con mi miembro a placer. Las pulsaciones de su coño recién estrenado en torno a mi polla se hicieron rápidamente más intensas. Ella no paraba de ondularse, contraerse y estirarse, como si alguien le hubiera explicado que eso era lo que tenía que hacer para satisfacer a los hombres. Ponía toda su voluntad en lograrlo y daba la sensación de que conseguirlo la complacía tanto como la fricción de mi sexo contra el suyo. En apenas un abrir y cerrar de ojos se retorció presa de orgasmos espasmódicos. Su encanto carnal era tan apabullante que de inmediato me noté a punto de inyectar mi líquido caliente dentro de su raja húmeda como un alga. Pero de repente sentí el impulso irrefrenable de explosionar dentro de su boca. Desprendí el miembro de su vulva prieta y lo puse al alcance de sus labios de ángel. Me lo engulló en toda su longitud hasta dejar a la vista nada más que el encrespado vello púbico de debajo de mi vientre. Luego ...