1. Mi sobrino me quita la tanga frente a mi novio


    Fecha: 07/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos

    ... devoción.
    
    Luego, Fabricio subió por mi cuerpo, dejando un camino de besos tibios, y me miró con esa sonrisa tranquila que me hacía sentir en paz… pero a la vez, algo en mí estaba inquieto.
    
    —No te duermas, ¿eh? —le dije, dándole un empujón suave en el pecho.
    
    —¿Por qué? —preguntó, riendo.
    
    —Porque más vale que te quede energía para otro polvo.
    
    Le vi la sorpresa y el brillo en los ojos. La calentura me estaba devorando, y una parte de mí era como si quisiera quemar el recuerdo del supermercado con Fabricio, aunque al mismo tiempo lo que más me encendía era esa imagen de Enzo.
    
    Me quité el camisón lentamente, dejándolo caer al costado de la cama. Quedé completamente desnuda, boca abajo, apoyando la mejilla en la almohada.
    
    —¿Te vas a quedar ahí mirándome? —le pregunté, con un tono provocador.
    
    —Estás preciosa —susurró, como si estuviera hipnotizado.
    
    Fabricio se inclinó y empezó a recorrer mi espalda con besos. Primero el cuello, después la línea de la columna, bajando despacio. Sentía su barba rozando mi piel como una caricia rasposa. Me mordió suavemente el hombro, y me estremecí.
    
    Luego llegó a mis caderas, y sin aviso, me besó el culo.
    
    —Mmm… —escapé un gemido.
    
    Él sabía que eso me volvía loca. Acarició mis nalgas con sus manos cálidas, separándolas un poco para besarme justo en el centro.
    
    Sentí su lengua moverse sobre mi ano, húmeda, lenta, en círculos.
    
    —Qué rica estás… —dijo, con un tono casi de adoración.
    
    Cerré los ojos, mordiéndome el ...
    ... labio. Sí, me gustaba lo que me hacía Fabricio, siempre lo disfruté. Pero al mismo tiempo, mi mente me traicionaba: me imaginé a Enzo haciéndome eso, con su fuerza bruta, con ese cuerpo que parecía hecho para el sexo.
    
    Recordé lo que me había dicho el imbécil: que seguramente siempre tenía el culo bien limpio y perfumado, listo para que me lo besen. Pendejo roñoso.
    
    Fabricio, ajeno a mis pensamientos, siguió besándome. Pasó la lengua por la parte baja de mi espalda, subiendo de nuevo por mis nalgas. Yo me arqueé, levantando apenas el trasero para sentirlo más cerca.
    
    —¿Querés que te coja así? —susurró.
    
    —Sí —dije, con los ojos cerrados—. Hacelo.
    
    Lo sentí moverse detrás mío, acomodándose. El roce de su sexo, duro, buscándome entre mis muslos, me hizo jadear.
    
    Él apoyó las manos a cada lado de mi cintura y se inclinó sobre mí, cubriéndome con su cuerpo. Me besó en la nuca, me mordió el lóbulo de la oreja, y entonces entró en mí con una embestida suave pero profunda.
    
    —Dios… —murmuré, apretando las sábanas con las manos.
    
    Fabricio sabía cómo moverse. Empujaba con ritmo, lento al principio, mientras me besaba el cuello. Sus manos acariciaban mis costados, subiendo hasta mis pechos, y bajaban de nuevo a mis caderas para sujetarlas fuerte cuando aumentaba la velocidad.
    
    Yo lo disfrutaba, claro que sí, pero no podía evitar pensar en cómo sería con Enzo.
    
    Con esa verga enorme que había visto, que debía llenar de un modo tan distinto… tan brutal.
    
    La comparación ...
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