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El Precio de un Deseo
Fecha: 08/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: PamelaHot, Fuente: TodoRelatos
... room. Pero Lucía sabía, con una certeza que le quemaba las entrañas, que no pasaría la noche en ningún guest room. El postre fue una torta de chocolate negro, rociada con un licor que dejaba un regusto a canela y pecado. Elena la observaba mientras comía, fascinada, como si cada bocado que llevaba a su boca fuera un paso más hacia algún destino inevitable. —Estás tensa —murmuró Elena de pronto, levantándose para colocarse detrás de ella—. Déjame ayudarte. Sus manos descendieron sobre los hombros de Lucía, los pulgares hundiéndose en la carne con una presión experta. Pero no se quedaron allí. Poco a poco, como una marea subiendo, esos dedos descendieron —por su clavícula, el borde del escote, los topes de sus senos apenas cubiertos por el vestido— —Elena... —la voz de Lucía era apenas un hilo de aliento. —Shhh —la mujer mayor inclinó su cabeza hasta rozar con los labios la oreja de la joven—. Solo estoy relajándote. Roberto observaba la escena con ojos de lobo, su vaso de whisky olvidado en la mesa. —Creo que es hora de ir arriba —dijo de pronto, levantándose con esa elegancia peligrosa que tenía—. Lucía, ven. No era una invitación. El pasillo hacia el dormitorio principal parecía alargarse, acortarse, como en un sueño febril. Lucía sentía las manos de Elena en su cintura, el aliento de Roberto en su nuca. —No tengas miedo —Elena deslizó los dedos bajo su vestido, rozando el vientre—. Sabemos cuidar de lo que es nuestro. La habitación ...
... estaba bañada en luz lunar, la cama ancha y hecha con sábanas de satén que brillaban como agua quieta. Roberto se detuvo frente a ella, sus manos grandes enmarcando su rostro. —Dime que no —susurró, los pulgares rozándole los labios—. Y te llevaré a tu cuarto ahora mismo. Lucía abrió la boca, pero las palabras murieron en su garganta. —Eso pensé —Roberto sonrió, y entonces su boca estaba sobre la de ella, brutal y dulce al mismo tiempo. Elena trabajaba detrás, desabrochando el vestido con dedos hábiles, dejando que la tela resbalara al suelo como una cáscara. —Tan perfecta —murmuró Elena, sus manos palmeando las curvas ahora sólo cubiertas por la lencería—. Roberto, mírala. Él lo hizo, con una devoción que rayaba en lo religioso. Sus manos la exploraron entonces con una mezcla de ternura y posesión que la hizo estremecer —apretando aquí, acariciando allá, como si estuviera reclamando cada centímetro— —En la cama —ordenó Roberto, y esta vez no había dulzura en su voz. Lucía retrocedió hasta que las corvas tocaron el colchón. Elena se movía como una sombra a su alrededor, deslizando las breteles del sostén, los dedos jugueteando con el elástico de las bragas. —¿Ves cómo te quiere? —Elena le mordisqueó el hombro mientras hablaba—. Nunca me miró así a mí. Roberto se despojó de la camisa, revelando un torso marcado por el tiempo y los excesos, pero aún poderoso. Sus pantalones cayeron después, y lo que emergió hizo que Lucía jadeara. —Shhh —él la tumbó ...