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El descontrol de mi hijo - 2
Fecha: 09/01/2026, Categorías: Gays Autor: Rafi, Fuente: TodoRelatos
Si queréis entender de dónde viene todo esto que conté en el relato anterior, tendríais que retroceder a cuando empezó, a esos días complicados después de que mi mujer se fuera y me dejara con todo. El otoño había traído un aire frío que se filtraba entre los árboles del jardín trasero, donde pasaba el tiempo cortando leña para la chimenea intentando mantenerme ocupado. La casa se sintió vacía desde que ella se marchó; el divorcio fue duro, con discusiones y puertas que se cerraban con fuerza. Decía que nuestro hijo era demasiado extraño, que no podía lidiar con él, y al final decidió irse, dejándome solo con él. Me llenaba de culpa por no haber mantenido a la familia unida, por no haber sabido ayudarlo mejor. Para mí, aún era un chaval, alguien que necesitaba mi cuidado, y me costaba aceptar que estaba creciendo, convirtiéndose en algo que no sabía cómo manejar. Lo veía cambiar de formas inquietantes: la primera vez, lo sorprendí en la sala, sentado en el sofá con los pantalones bajados hasta los tobillos, su mano envolviendo su polla gruesa y sin circuncidar, acariciándola con movimientos lentos, mirándome con una expresión perdida mientras emitía sonidos suaves, como si estuviera en su propio mundo. Me quedé paralizado, sin saber qué hacer, y él siguió, dejando que un hilo de líquido blanco cayera sobre el sofá sin reaccionar. Otra vez, lo encontré en el pasillo, apoyado contra la pared, su polla dura en la mano, frotándola con calma hasta que se corrió con un suspiro ...
... raro, dejando un charco en el suelo que tuve que limpiar después. Y en la cocina, una mañana temprano, lo vi restregándose contra la mesa mientras comía pan, su miembro erecto deslizándose contra la madera, mirándome con una sonrisa ausente. Cada vez me sorprendía más, pero no sabía cómo enfrentarlo ni qué decirle; la culpa por su madre me frenaba, y terminaba dejándolo hacer, observándolo con una mezcla de asombro y confusión. Aquella tarde yo había salido al jardín trasero a cortar leña. El hacha golpeaba la madera con un ritmo constante, el sudor me corría por la frente y se mezclaba con el olor a tierra húmeda y hojas secas esparcidas por el jardín. Mis brazos, fortalecidos por años de trabajo, levantaban los troncos, pero mi mente estaba en otro lugar. Había notado cosas raras en él, reacciones que me hacían pensar que quizás sentía deseo por mí, aunque me costaba asimilarlo. No era algo que me gustara ni me atrajera; era una idea que rechazaba con todas mis fuerzas, demasiado difícil de aceptar como padre. Amaba a mi hijo profundamente, y haría cualquier cosa por él, incluso permitirle más de lo debido, porque sabía que algo en su interior era diferente, una forma de ser que lo apartaba de lo común. Estaba de cara al tronco, alzando el hacha para otro golpe, cuando oí sus pasos irregulares rompiendo las hojas. Giré un poco la cabeza y lo vi acercarse, con los vaqueros colgando bajos, rascándose la entrepierna con una mano sucia, moviéndose con una torpeza que parecía ...