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El descontrol de mi hijo - 2
Fecha: 09/01/2026, Categorías: Gays Autor: Rafi, Fuente: TodoRelatos
... desconectada. “Vete dentro, que me distraes,” le dije, intentando sonar firme, pero mi voz salió suave, cargada de esa debilidad que sentía por él. Él me miró con una sonrisa tímida pero extraña, “No quiero irme todavía, papá,” y se quedó ahí, observándome con ojos que parecían perdidos en algo que no entendía. Seguí con el hacha, levantándola con esfuerzo, cuando de pronto sentí sus manos cálidas acariciándome los pectorales desde atrás. Me quedé inmóvil, el hacha a medio camino, mientras su cuerpo se pegaba al mío, su pecho sudoroso presionando mi espalda y su aliento tibio respirándome en la nuca. “José, ¿qué haces?” exclamé, girando un poco la cabeza, pero no lo aparté. Él susurró con voz suave, “Tú eres especial para mí, papá,” su tono cargado de una inocencia inquietante, y se quedó ahí, pegado, moviendo las caderas contra mi culo con un ritmo torpe pero persistente. “Para un poco, por favor,” murmuré, quejándome, pero mi tono era débil, y dejé que sus manos siguieran, disfrutando en secreto del contacto, del calor de su piel contra la mía. Me gustaba que me tocaran, que alguien rompiera la soledad que el divorcio había dejado, y aunque mi mente gritaba que parara, mi cuerpo se relajaba bajo sus caricias. Sus dedos apretaron más mis pectorales, explorándolos con una curiosidad desconcertante, como si no supiera del todo lo que hacía, y respiró más fuerte en mi nuca, dejando un rastro húmedo. “José, déjame trabajar,” dije, pero mi voz era un susurro, y él no se ...
... inmutó, sus manos bajando lentamente por mi abdomen. Pasaron minutos eternos, el hacha olvidada en el suelo, el jardín envuelto en un silencio roto solo por su respiración irregular y mi jadeo entrecortado. Intenté moverme, diciendo “José, esto no está bien,” pero él respondió con un “Quiero estar cerca de ti, papá,” su voz tranquila pero extraña. Sus manos subieron otra vez a mis pectorales, masajeándolos con una fuerza suave pero insistente, y luego bajaron a mi cintura, deteniéndose en el borde de mis pantalones. Mi cabeza era un caos: quería apartarlo, pero también quería que siguiera, que llenara el vacío que sentía. De pronto, con un movimiento torpe pero decidido, sus manos bajaron mis pantalones hasta los tobillos, exponiendo mi culo al aire fresco. Intenté girarme, diciendo “Hijo, no hagas esto, por favor,” pero mi voz tembló, y él no escuchó. Sus manos separaron mis nalgas con una fuerza inesperada, y sentí su aliento tibio antes de que su lengua húmeda lamiera mi culo. El primer contacto fue un shock, un placer inesperado que me arrancó un jadeo, y me quedé quieto, con la cabeza a punto de estallar por lo que estaba pasando. Pasaron minutos interminables, su lengua explorando con una dedicación curiosa, lamiendo cada pliegue, escupiendo para humedecer, y el placer me recorría como una corriente eléctrica. Mis piernas temblaban, y mi mente luchaba: era mi hijo, no debería gustarme, pero joder, me estaba volviendo loco. “José, para,” murmuré débilmente, pero no lo ...