1. El descontrol de mi hijo - 2


    Fecha: 09/01/2026, Categorías: Gays Autor: Rafi, Fuente: TodoRelatos

    ... hice en serio, y él siguió, devorándome con una intensidad desconcertante. Su lengua se hundía más, abriendo mi ano con movimientos torpes pero constantes, y el calor de su boca contrastaba con el frío del aire en mi piel. Mi respiración se volvía pesada, y mis ojos se entrecerraron mientras el placer crecía, haciendo que mi cuerpo se arqueara hacia él sin querer. “Madre mía,” pensé, avergonzado, pero no podía negarlo: me estaba gustando mucho, y por eso le dejaba hacer. Cada pasada de su lengua era un latigazo de sensación, un placer que me hacía gemir bajito, y mi mente se debatía entre la moral y el deseo. Pasaron más minutos, el tiempo alargándose como si el mundo se detuviera, y él murmuró contra mi piel, “Me gusta estar así contigo, papá,” su voz cargada de una satisfacción extraña.
    
    Estaba recuperándome de esa oleada de placer, apoyado contra el tronco, con el corazón latiendo a mil y el cuerpo temblando, cuando todo cambió. Sin esperarlo, José se puso de pie detrás de mí, diciendo con voz suave, “Quiero que seas para mí” Sentí su polla dura rozándome, y antes de que pudiera reaccionar, escupió en su mano y untó la saliva en su miembro, preparándose con un movimiento inseguro. “¡No, espera!” exclamé, intentando moverme, pero fue inútil. Me agarró el cuello con una mano, apretando lo suficiente para sostenerme, marcándome con una fuerza que no esperaba. Su otra mano me sujetó la cadera con un agarre firme, y empujó, clavándome su polla gorda con un dolor seco que me ...
    ... arrancó un grito. “Joder,” gemí, removiendo el cuerpo para escapar, pero él era más fuerte, su peso me mantenía inmovilizado contra el tronco.
    
    La penetración fue lenta al principio, su polla gruesa forzando mi entrada, estirando mi ano con una presión que me hizo apretar los dientes. Sentí cada centímetro, la piel caliente y venosa abriéndome, el dolor mezclándose con una sensación que no quería admitir. “Para, hijo,” susurré, pero mi voz se quebró, y él dijo, “No puedo parar ahora, papá,” empujando más profundo. Sus embestidas eran intensas, un ritmo irregular pero constante, y el tronco raspaba mi pecho mientras su cuerpo se movía contra el mío. Pasaron minutos eternos, el dolor inicial transformándose en un placer tremendo que me recorría la espalda. Mis ojos se pusieron en blanco, y aunque intentaba resistir, mi cuerpo traicionaba mi mente, arqueándose hacia él. “Joder,” gemí bajito, atrapado en la sensación, mientras sus manos me apretaban más, marcándome de forma instintiva. El jardín se llenaba de su respiración pesada, un sonido que parecía perdido, y el olor a tierra y sudor se mezclaba con mi propia excitación. Después de lo que parecieron horas, su cuerpo se tensó, sus piernas temblaron, y soltó un gemido suave. Sentí su corrida explotando dentro, caliente y espesa, llenándome mientras su polla palpitaba con cada chorro, un líquido abundante que resbalaba por mis muslos. Se quedó quieto, jadeando con una calma extraña, y yo me dejé caer contra el tronco, con el ...