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el emperador romano peculiar llega a su fin
Fecha: 10/01/2026, Categorías: Dominación / BDSM Fantasías Eróticas Gays Autor: MrBigDick28x6, Fuente: SexoSinTabues30
... cuerpo alrededor del mío era indescriptible, y mi placer crecía con cada embestida. Mi hijo, al principio sorprendido y horrorizado, pronto se encontró atrapado en la misma red de deseo y sumisión. Mi lujuria no conocía límites, y antes de que me diera cuenta, también había tomado a mi propio hijo, destruyendo su inocencia y su espíritu. La habitación se llenó de gemidos y súplicas, y mi deseo insaciable se alimentaba de su dolor y su placer. Lucio, con su cuerpo esbelto y musculoso, se entregó a mí con una mezcla de miedo y fascinación. Sus ojos azules, normalmente suaves y melancólicos, ahora estaban llenos de lágrimas y confusión. Mi miembro, grande y dominante, lo penetró con fuerza, y sus gemidos de dolor se mezclaron con los de Orestes. La sensación de tener a ambos jóvenes en mis brazos, sometidos a mi voluntad, era una experiencia que nunca había conocido antes. Fue solo cuando todo terminó que me di cuenta de la magnitud de mi acto. La expresión en el rostro de mi hijo, una mezcla de horror y traición, me golpeó como un puñetazo en el estómago. Había cruzado una línea que no podía ser deshecha, y había destruido lo más preciado para mí: la confianza y el amor de mi propio hijo. El remordimiento y la vergüenza me consumieron. Sabía que no podía vivir con el peso de lo que había hecho. Mi mente, siempre tan clara y calculadora, ahora estaba llena de oscuridad y desesperación. Decidí ...
... que la única manera de redimirme era poner fin a mi vida de la manera más adecuada a mi naturaleza: con sexo y sadismo. Preparé una habitación especial, adornada con velas y instrumentos de placer y dolor. Me desnudé y me ofrecí a mí mismo como un sacrificio a mi propia lujuria. Usé látigos y cadenas, azotándome hasta que mi cuerpo estuvo cubierto de sangre. Luego, me sometí a mí mismo, buscando el éxtasis en el dolor y la humillación. Finalmente, cuando el placer y el dolor se convirtieron en una sola sensación insoportable, tomé una daga afilada y la clavé en mi corazón. Mis últimos momentos fueron llenos de éxtasis y agonía, una mezcla de placer y redención. Mi vida, marcada por el poder y la depravación, llegó a su fin de la manera más adecuada a mi naturaleza. Mi muerte dejó un vacío en el imperio, y mi legado de sadismo y lujuria se convirtió en una leyenda oscura. Mi hijo, destrozado y traicionado, nunca pudo recuperar su espíritu, y Orestes, el joven que había sido el catalizador de mi caída, se convirtió en un símbolo de la destrucción que mi deseo insaciable podía causar. En mis últimos momentos, supe que mi destino había sido sellado por mis propias acciones. Mi sed de poder y placer me había llevado a un punto de no retorno, y mi fin había sido tan trágico y grotesco como mi vida. Pero, en última instancia, fue mi propia mano la que puso fin a mi reinado de terror y depravación.