1. Sorpresa rica de Halloween


    Fecha: 10/01/2026, Categorías: Anal Autor: Tonyzena67, Fuente: CuentoRelatos

    ... bolsa y, antes de que la revise me pidió que nos estacionáramos al lado del edificio, lo cual hice. Era un estacionamiento bastante grande, pero por ese lado casi nadie se estacionaba. Me pide que esculque la bolsa y encuentro un calzoncito sellado en una bolsa plástica con unas letras que decían “cereza” en inglés y un paquete pequeño de condones que también con letras rojas decían lo mismo. Ella sin muchas vueltas me decía que le encantaba las cerezas y que eran una de sus frutas preferidas y obviamente llevaba ese morbo de la insinuación. Le devolvía con una sonrisa la insinuación, pero yo fui más directo:
    
    -A mí me gusta también la cereza y si está saladita me encanta chuparla y saborearla con muchas ganas. -le dije.
    
    -¿Tiene prisa?
    
    -No… ¿por qué?
    
    -Porque me gustaría abrir ese paquetito de condones y chupársela.
    
    -¿Quieres? Ven… ponme el condón y mámamela si quieres.
    
    Se le miraba brillante la mirada y me dio una sonrisa un tanto nerviosa. Sacó un condón de la caja y me desabrochó el pantalón y bajó el cierre. Yo me acomodé haciendo el asiento hacia atrás y de esa manera no estorbara mucho el timón. Mi verga estaba semi erecta y si, ya estaba goteando. Rosi me puso el condón y se podía oler el aroma a la fruta. Ella solo dijo una corta frase antes de agachar la cabeza hacia mi: ¡¡Que hermosa verga tienes!!
    
    Me comenzó chupando la cabeza envuelta con el condón con sabor a cereza y ella elevaba sus nalgas con ese bikini negro de su disfraz al lado del ...
    ... asiento del pasajero. Sentía que caía su saliva al contorno de mis testículos y viendo su columna encorvada y sus nalgas, metí los dedos de mi mano derecha entre su raja mojada, hice de lado su bikini y comencé a sobar ese clítoris el cual estaba inflamado de la excitación.
    
    Aquella pequeña conchita se sentía de labios gruesos, era de esas panochas gorditas y no le sentía vellitos algunos. Parecía que Rosi no se la rasuraba, ella usaba cera para que esa área púbica se sintiera tan tersa como la piel de sus nalgas y rostro. No dejaba de chupármela y yo le hundía dos dedos en su pequeño orificio y supe que era de esas panochitas que aprietan. Mis dedos se hundían y le chaqueteaba el clítoris con cierto golpeteo más intenso, lo que Rosi me aprobó diciendo: -pégale así… me gusta, me gusta; dedéame así papi, es tuya. -Oyendo como Rosi me hablaba, supe que esta pequeña chica era de esas que les encanta el sexo duro.
    
    Creo que Rosi no se podía concentrar en chupar mi falo o disfrutar de la chaqueteada que le daba a su panochita y hacia pausas dejando escapar sus gemidos. Con sus mismos jugos llené mi pulgar y mientras mi dedo anular y el de en medio entraban y salían de su vagina, con ese pulgar comencé a sobar su ojete. Podía sentir como Rosi contraía su vagina apretándome los dedos con exagerada presión.
    
    No sé cuánto tiempo había pasado, pero con seguridad nos estábamos acercando a los veinte minutos del que me hablaba era su descanso. Por la posición con mis dedos le hacía ...
«1234...»