1. Lecciones de sexo con mamá (13)


    Fecha: 10/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos

    ... indirecto. Pero ahora, con todo lo que habíamos vivido, cada palabra suya parecía esconder una provocación.
    
    —¿Y de qué se trata la clase? —pregunté, con la voz seca.
    
    Ella sonrió, sin mirarme.
    
    —De satisfacer el deseo —dijo ella, con una sonrisa enigmática—. Del deseo sexual sin que necesariamente se practique el sexo.
    
    Me acomodé en el asiento, algo inquieto. La miré de reojo. Su perfume estaba más presente que nunca, como si el aire lo transpirara. Me incliné levemente y apoyé la mano en su muslo, sobre la media fina.
    
    Ella no hizo ningún gesto de rechazo. Al contrario.
    
    —Sí —dijo—. De eso se trata.
    
    Deslicé la mano hacia arriba, muy lentamente, sintiendo la textura suave de la media. Mis dedos llegaron justo por debajo del borde del vestido. Podía avanzar. Estaba seguro de eso. Pero algo me decía que mamá me tendía una especie de trampa al dejar que la tocara. La miré, como esperando a que me diera su aprobación para avanzar.
    
    —Podés tocarme —dijo, con ese tono pedagógico que solo servía para que se me endurezca la pija—. Podés excitarte. Pero no va a haber sexo esta noche. Si lo hacés esperando eso, te vas a frustrar.
    
    Retiré la mano con lentitud. Ella me miró un segundo, con una sonrisa que no era burlona, sino serena. Como si estuviera acostumbrada a manejar ese tipo de impulsos.
    
    —Esta noche vas a aprender que el deseo no necesita consumarse para ser real.
    
    Seguimos el viaje sin decir mucho más. Yo iba con la cabeza a mil, repasando todas las ...
    ... veces que tuvimos sexo, imaginando estar dentro suyo de nuevo, deseando poseerla con desesperación. Y ahora ella me decía que podía tenerla ahí, cerca, provocándome. Podía tocarla, pero no podía hacer nada más que eso. Con lo que llevaba aprendiendo de ella, sabía que eso era un arma de doble filo. Si la acariciaba durante cierto tiempo, tarde o temprano iba a querer cogérmela. Para evitar la frustración de no poder hacerlo, lo mejor era no volver a manosearla. Pero eso era más fácil de decir que de hacer.
    
    Finalmente, estacionó el auto. Era una calle poco iluminada, lateral a un centro comercial. Bajamos. Caminó delante de mí, segura. El movimiento de su orto dentro del vestido marcaba un ritmo que me tenía hipnotizado. Llegamos a una puerta de vidrio. Arriba, el cartel iluminado de un cine. No un complejo moderno, sino uno de esos viejos cines de barrio reciclados, con salas pequeñas y películas extranjeras subtituladas.
    
    Compró las entradas. No me molesté en fijarme qué película era. Sabía muy bien que la lección no sería referente a su argumento.
    
    Subimos una escalerita angosta y entramos a la sala. Había una docena de butacas, un par de personas separadas por varios asientos. Nadie hablaba. Solo la pantalla proyectaba un tráiler en silencio, sin subtítulos. Elegimos los últimos dos asientos del fondo. Ella se sentó junto a la pared, yo al lado.
    
    El aire acondicionado estaba fuerte. Ella se acomodó el vestido, cruzando las piernas con naturalidad. El escote le ...
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