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Lecciones de sexo con mamá (13)
Fecha: 10/01/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... casi gritando. —Creo que tu error es esperar estas lecciones con la esperanza de que me vas a coger. No debería ser así. Deberías usar la noche de lección para aprender, y también para disfrutar, claro. Pero sin esperar nada en específico. —Ya lo sé. Pero… ¿no es normal esperar algo más después de lo que ya hicimos? —Obvio que es normal. Por eso no estoy enojada por tu berrinche. Pero también es normal que te acuestes con una mujer y luego ella no quiera volver a hacerlo. Conozco a hombres que perdieron la cabeza por un polvo tan magnífico que nunca fue repetido. Es importante no obsesionarse. —Entiendo —murmuré. —Lo entendés, pero igual es difícil, ¿no? Bueno, no te preocupes. Eso es normal. Lo importante es que sepas respetar a las mujeres con las que intimás. El resto del camino fue tranquilo. Yo seguía con la cabeza apoyada en el vidrio, escuchando el motor, intentando bajar los decibeles de todo lo que sentía. Afuera, la ciudad se veía desierta. Algunos autos, un par de kioscos abiertos. La noche se sentía larga, como si no tuviera final. Y sin embargo, algo en mí se relajaba. Me dolía no haber podido estar con ella. Pero también, por primera vez, me sentía orgulloso de no haberme dejado llevar. Como si una parte de mí supiera que el placer que se posterga tiene un sabor más delicioso cuando finalmente llega. Y con mamá, aprendí que las cosas llegan. Siempre llegan. Cuando ella decide que es el momento. —Gracias —le dije de repente. Ella ...
... giró apenas el rostro. —¿Por qué? —Por enseñarme esto. Por no hacerme sentir un idiota por tener ganas. —Tener ganas es lo más humano del mundo —me respondió—. Lo importante es lo que hacés con esas ganas. Llegamos a casa poco después de la una. Mamá apagó el motor y se quedó un momento sentada, mirando hacia adelante. Yo también. No sabía bien si decir algo, si despedirme, si fingir que ya había terminado todo. En mi interior, igual, seguía esa mezcla rara de frustración y gratitud. Como cuando ganás algo, pero no lo podés tocar todavía. Entramos. Yo hice amague de ir hacia mi habitación, pero su voz me detuvo desde el living. —Lolo. Me giré. —¿Sí? Ella se quedó de pie, con la cartera colgando de una mano, descalza —se había sacado los tacos al entrar—, y con el vestido todavía puesto. Con esa misma tela ajustada marcándole cada línea del cuerpo de manera pornográfica. —No te vayas a dormir todavía. Quiero decirte algo. Volví al living. Me senté en el sillón. Ella dejó la cartera sobre la mesa baja. Se acercó. Se quedó de pie frente a mí, mirándome con esos ojos suyos, verdes, luminosos incluso en la penumbra del comedor. —Hoy fue tu última clase del primer cuatrimestre —dijo, con una sonrisa—. Y aprobaste. No supe qué decir. Me reí, nervioso. —¿En serio? —Sí. Lo hiciste muy bien. Aprendiste rápido. Fuiste respetuoso. Fuiste insistente, pero supiste frenar. Y sobre todo —se inclinó apenas hacia mí—, sos obediente. Esa palabra me ...