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El esposo del Mafioso. Cap XII
Fecha: 11/01/2026, Categorías: Gays Autor: Fiore, Fuente: TodoRelatos
... llegado ahí sin merecerlo. Que todo lo que tenía era por su cuerpo, por ser el "favorito" de Pietro. Como si siempre lo hubiese sido. —Vaya ambiente —murmuró Alonzo a su lado, mientras caminaban hacia la zona de pesas—. ¿Siempre ha sido así? —No —respondió Augusto con tono seco, sin dejar de mirar al frente—. Antes, nadie me prestaba atención. Ahora... todos parecen tener algo que pensar de mí. —Bueno —dijo Alonzo con una sonrisa ladeada—, es normal. La mayoría de estos idiotas cree que solo con músculo y pólvora se consigue respeto. Les molesta que no hayas tenido que dispararle a nadie para ganarte un lugar junto a Pietro. Augusto lo miró de reojo. —Eso no lo hace mejor. —No, claro que no. Pero al menos tienes a alguien que no está mirando como si quisiera patearte el culo —le guiñó un ojo. Alonzo no bajaba la voz. Y varios lo escucharon. Eso bastó para que algunos apartaran la mirada, incómodos. El apellido Zanoli imponía respeto… incluso cuando venía con una sonrisa despreocupada. —Vamos —dijo Alonzo, dándole una palmada en la espalda—. ¿Quieres usar pesas o prefieres que les ganemos a todos en boxeo? Augusto esbozó una media sonrisa. No estaba del todo relajado, pero el gesto de Alonzo ayudaba. Mucho. Y por primera vez, en ese lugar cargado de tensión, no se sintió completamente solo. Cuando llegaron a la casa, Augusto se quitó la toalla del cuello y la lanzó sobre el respaldo de una silla. Tenía el labio ligeramente partido, un ...
... pequeño moretón en la mejilla y los nudillos rojos de tanto golpear el saco… y a Alonzo. —¿Te duele? —preguntó el menor de los Zanoli con una sonrisa ladeada mientras se sacudía el cabello sudado. —Un poco. Pero tú te ves peor —respondió Augusto, esbozando una sonrisa. Rieron apenas, aún con la adrenalina recorriendo sus cuerpos, antes de cruzar hacia la sala. Pero apenas dieron un paso, una voz los alcanzó como un disparo. —¿Qué carajos te pasó en la cara? Pietro estaba de pie al pie de la escalera, con la camisa remangada y los ojos oscuros fijos en el rostro de Augusto. Caminó hacia él con paso firme, su expresión endurecida por la ira. —¿Quién fue? —preguntó, tomando a Augusto del mentón con suavidad fingida, girando su rostro para ver mejor la herida—. ¿Quién se atrevió a tocarte? —Estoy bien —intentó calmarlo Augusto, un poco incómodo por la intensidad de su mirada—. No fue nada. —No fue nada una mierda. Mírate. Estás golpeado. ¿Fue uno de esos imbéciles en el gimnasio? Dímelo, Augusto. ¿Quién fue? —Pietro…—intentaba calmarlo —¿Quién fue? —Fui yo —dijo una tercera voz, divertida, desde atrás de Augusto. Pietro parpadeó. Soltó el rostro de Augusto y se movió a un lado para que pudiera verlo. —¿Alonzo? El menor de los Zanoli abrió los brazos con una gran sonrisa. —¡Sorpresa, fratello! Pietro se quedó congelado por un segundo. La tensión en sus hombros bajó como una ola al reconocer al joven frente a él. Caminó hacia él sin decir ...