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MADRE ABANDONICA (PADRE E HIJA)
Fecha: 12/01/2026, Categorías: Incesto Autor: luisfa60, Fuente: RelatosEróticos
... necesito que salgas de ese rol y me ayudes como hombre. No podía creer lo que me estaba diciendo mi hija, algo que yo quería y no sabía cómo hacer, ella me estaba allanando el camino. –Pero soy tu padre, no sé si está bien, aunque te confieso que estoy loco por vos, que me encantas como mujer, que deseo poseerte y escarbar lo más profundo de tus entrañas con mi sexo. –Papa, los derechos sexuales de las personas se deben reconocer, alguna vez leí que, los derechos humanos universales están basados en la libertad, la dignidad y la igualdad, quiero conservar mi dignidad de mujer. No lo pensé más, me acerque muy despacio a su rostro para besar sus dulces y cálidos labios, respondiendo con la apertura de boca justa para que nuestras lenguas se encuentren en un húmedo beso, que no fue largo, pero si maravilloso, jamás olvidare ese instante. Fuimos fundiendo nuestros cuerpos, quería que se cubra toda la habitación de lo que estaba por venir. Quería que fuera mía y hacerle el amor sin control alguno. Pongo mi mano en su pelo, rozando mi boca por su largo cuello y sus blancos hombros. Su suave mano recorre la extensión de mi espalda de manera muy delicada, mientras busco con mi boca la calidez de sus pezones, su boca entreabierta exhalaba suspiros apasionados cuando mis manos danzaban sobre su piel. Busque mojar su vagina con mis dedos al tiempo que sus gemidos endulzaban con su miel a mis oídos, fui probando cada uno de los rincones de su piel, milímetro por ...
... milímetro, llegando por fin a esa parte tan sensible que tiene entre sus piernas, que se fueron separando de a poco para que mi boca y lengua probaran ese delicioso néctar que me ofrecía su ser. Eleva su cabeza para observarme, al tiempo que busco sus ojos con los míos, cuando veo que el verde de sus pupilas se transformaron en blanco, su vagina me dedico sus jugos, invadiendo mis fauces sedientas de su sexo. Una vez que reposó de su orgasmo, ubico una almohada debajo de sus glúteos para elevar la pelvis, me posiciono sobre ella. Clavando nuestra mirada sobre nuestros ojos, noto la aprobación que precedió a la penetración, ubico la punta de mi pene sobre los labios de su vulva, rozando desde el perineo hasta su clítoris en reiteradas oportunidades, hasta que por propia humedad, casi sin ejercer presión, mi falo se perdió en la profundidad de su sexo. Mi sensación fue indescriptible, estaba dentro de mi hija, experimentando la calidez de su vagina con esa consistencia aterciopelada. Me pareció, en varias oportunidades tocar el cuello del útero con el pene, cosa que le hizo expresar, ya no, gemidos de placer, si no, gritos de placer, desprendiendo frases sucias que me excitaban cada vez más. En un ir y venir dentro de su sexo, tan apasionado como violento, ambos nos dijimos, pero a destiempo. –¡¡¡Estoy por llegar al orgasmo!!! Trate de aguantar lo más que pude, quise que ella terminara primero, para poder observar su angelical rostro y darle la oportunidad de ...