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Con el conserje de la preparatoria, ya todo cambió
Fecha: 14/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: vale18teen, Fuente: CuentoRelatos
... dejar de sentir esa excitación de percibir que no dejaba de verme las piernas, el escote, me miraba ocasionalmente a los ojos pero siento que quería guardar cada centímetro de mi imagen en su memoria para poder tocarse después. El tiempo corría, cada vez eran menos minutos y nosotros seguíamos platicando. Necesitaba hacerlo ahora o nunca. Lo mire fijamente a los ojos, me acerque hacia él y dejé mi mochila en el piso dos pasos antes de llegar junto a él. Sujeté sus manos y le dije: -¿Don Ale, por qué está nervioso? Lo siento muy angustiado, no se preocupe, todo está bien. Le agradecí por haber accedido a arreglar mi mochila. -Déjeme le enseño mi mochila y usted me dice si tiene arreglo, ¿le parece bien? Entonces me di la vuelta hacia donde había dejado mi mochila y me incline de nuevo sin doblar las rodillas, tome la mochila y no alcance a hacer otra cosa. De la nada sentí su gruesa mano sobre mi nalga y me pare de inmediato. Me giré y lo vi fijamente. Él se replegó y se empezó a disculpar como un niño que sabe que cometió el peor error de su vida. Entonces me acerqué de nuevo a y le dije -¿Don Ale, por qué hizo eso? Me toco una nalga. -Perdóname Vale, por favor perdóname, no le vayas a decir a nadie, no quiero tener problemas, es que no me pude aguantar y lo volviste a hacer, te empinaste y al ver tus nalgas de verdad no sé qué me paso, no pude contenerme, pero por favor, perdóname. -¿Le gustaría tocarlas otra vez? -¿Perdona? ¿No entiendo? ¿Es ...
... broma verdad niña? Por favor dime que está bromeando. -¿Quiere tocarlas otra vez? – pregunté de nuevo sin quitarle los ojos de encima. De manera ya más libre le di la espalda y levanté mi falda hasta la cintura dejando mis nalgas expuestas ante él. Y como si se tratara del doctor Jekyll y Mister Hyde, este viejito bonachón se convirtió en una fiera depravada. Tomo mis nalgas y las empezó a masajear de manera muy desesperada y fuerte, las apretaba muy fuerte, llego a dolerme, pero ese dolor y su desesperación me hicieron emitir un gemido que lo excitó como animal en celo. Acercó una silla y me dijo: -A ver mi niña, vas a poner tus manitas en la silla y te vas a empinar como hace rato. Obedecí. Me incline, puse mis manos en el sillón y deje mis nalgas expuestas ante él. Abrí las piernas ligeramente y pude ver como el se hincaba detrás de mí. Sin avisar y sin preámbulos románticos como ocurrió con mi madurito, don Alejandro hundió su boca entre mis nalgas llegando al culo de inmediato con su lengua. Lo escuchaba bufar, respirar afanosa y agitadamente como un sabueso buscando un rastro. Lamia como si fuera un perro cuando bebe. Sentía su lengua grande y rasposa pasar de la parte inferior de mis labios hasta mi ano. Me mordía ocasionalmente y sus manos no dejaban de apretar mis nalgas. Me ordeno darme la vuelta y sentarme en la silla con las piernas abiertas. Yo ya era su esclava en ese momento, me entregué al deseo que sentía, a esta lujuria que crecía y crecía. No ...