1. 🔥 Sudor, Hormonas... y Marcos (7)


    Fecha: 14/01/2026, Categorías: Gays Autor: internauta, Fuente: TodoRelatos

    ... que yo te diga, ¿estamos?
    
    Marcos no contestó, se limitó a obedecer, hundiendo la cara en el vello espeso y húmedo de Raúl, oliendo profundamente mientras Raúl se iba empalmando cada vez más por el roce.
    
    —Responde cuando te hablo, maricona —le espetó Raúl, cogiéndole del pelo—. ¿Te gusta esto, eh? ¿Nuestros sobacos, peludos, sudados? ¡Respóndeme, joder!
    
    Marcos apenas pudo balbucear, aturdido:
    
    —Sí…
    
    —¡Sí, qué! —rugió Raúl.
    
    —Sí… me gusta… —dijo casi llorando de vergüenza.
    
    Raúl soltó una carcajada y se tocó aún más fuerte, bajándose un poco el pantalón para quedarse en calzoncillos, la forma de su polla semi dura marcándose contra la tela.
    
    —Pues prepárate —le gruñó—. Porque cuando acabes con los sobacos, vas a hacer lo mismo con mis cojones, ¿te enteras?
    
    Diego se descojonó y le dio una colleja suave a Marcos:
    
    —Madre mía, tronco, ¡estás acabado! —le gritó entre risas—. Vete mentalizando porque hoy te vas a tragar hasta el sudor de las pelotas, maricona.
    
    Marcos seguía aguantando el olor fuerte, pegado al sobaco de Raúl, cuando el chico le pegó un tirón del pelo para obligarlo a mirar hacia arriba. Tenía el torso marcado, el vello espeso, y el calzoncillo bajo, enseñando un bulto grueso y casi duro. Raúl le sonrió con desprecio.
    
    —A ver, maricona, ¿ahora no te quieres ir, eh? —le dijo con tono burlón—. ¿Te mola esto? ¿Quieres oler mis cojones, no?
    
    Marcos no contestó, los labios húmedos, la cara roja de vergüenza y de calor. Diego se carcajeó, ...
    ... con la polla marcándose grotesca bajo el calzoncillo.
    
    —Si es que eres un puto cerdo, tronco —le escupió Diego, mirándolo con desprecio—. Te has arrastrado hasta aquí para olernos el sobaco y ahora quieres más, ¿eh?
    
    Marcos tragó saliva y bajó lentamente por el vientre de Raúl, deslizando la cara por el vello, sintiendo el calor del cuerpo masculino. Al llegar cerca del rabo, Raúl le plantó la mano en la frente con brusquedad, frenándolo.
    
    —No, no, no —gruñó con una sonrisa torcida—. Tú vas directo a los cojones, maricona.
    
    Con un empujón seco lo aplastó contra su entrepierna, pegándole la nariz a los huevos sudados bajo el calzoncillo. Marcos se quedó unos segundos sin aire, mareado del olor intenso, y cuando intentó apartarse un poco, Raúl le empujó con más fuerza.
    
    —Tómatelo con calma —se burló—. Respira bien hondo, a ver si te acostumbras.
    
    Marcos forcejeó un momento, sin atreverse a golpearlo ni apartarlo, solo moviendo un poco las manos por puro reflejo, pero Raúl le inmovilizó la cabeza con dureza.
    
    —¿Ya no aguantas, princesa? —se rió Diego, mirándolo con burla—. ¡Qué poca resistencia! Si es que te vamos a tener que entrenar de nuevo, chaval.
    
    Marcos se sintió rojo como un tomate, con los ojos medio cerrados por el mareo. Llevaba mucho tiempo fantaseando con esos rabos, con poder lamerlos, mamar hasta atragantarse, pero no quería que se notara tan claro. Quería parecer que no lo deseaba tanto, que no estaba desesperado... aunque en realidad lo estaba, y ...
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