1. Me enseñó un sexo que desconocía (parte 2)


    Fecha: 15/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Montes Federico, Fuente: CuentoRelatos

    La tormenta fue una de las más violentas e intensas que hubo por años, con vientos fuertísimos, granizo y lluvia a mares. Estaba sola en la casa (mis viejos se habían ido el finde a Córdoba) y mi buen ánimo duró hasta que se cortó la luz. Intenté llamar a mis tíos, pero la señal no era buena y además poco iban a poder hacer ya que vivían a 30 kilómetros. Estuve pensando que hacer hasta que, desde mi pieza, vi luz en lo de Ricardo. Me aseguré que todo estaba bien cerrado, me puse lo que tenía para la lluvia y me fui a golpear su puerta.
    
    -“¿Qué hacés afuera con esta tormenta, Irina?”, preguntó mientras me dejaba pasar.
    
    Le conté lo que pasaba, que no sabía donde estaban las luces de emergencia, que no tenía nada para comer y que estaba asustada. Me hizo pasar, me dijo que vaya al baño y me saque la ropa mojada (empapada en realidad) y al rato golpeó la puerta para decirme que me dejaba ropa. Esperé que se fuera, abrí la puerta, agarré la ropa y me vestí con una remera suya, una bata de toalla y unas pantuflas. Así bajé a la cocina, donde estaba cocinando.
    
    -“¿Qué hacés?”.
    
    -“Un guiso de conejo que preparaba para mí y le agregué más papas para que compartamos”.
    
    -“¿Siempre cocinas esas cosas raras?”
    
    -“Raras para vos, ¿no te gusta?”.
    
    -“Si está como lo que hiciste el otro día, me como esa olla yo sola”.
    
    -“Comela. Me hago un sándwich”.
    
    Comimos ese guiso, que estaba impresionantemente rico, con un Malbec, un postre instantáneo que hizo con leche maicena y ...
    ... azúcar que me encantó y café turco. Todo acompañado de una suave música de fondo con mucho saxo y violines y terminamos sentados en el sofá con un licor (también casero) de café.
    
    -“¿Estás más tranquila?.
    
    -“Mucho. ¿Me prestás luces para volver a casa?”.
    
    -“¿Estás loca? Sigue lloviendo a cántaros. Quedate a dormir en el cuarto de huéspedes ¿O tenés miedo de mí?”.
    
    -“No tonto”.
    
    -“Entonces, tontita, ahí está tu cama”, dijo señalando una puerta, “tenes baño en suite y podes cerrar con pestillo”.
    
    -“¿Por qué? ¿me pensás violar? Ja, ja”
    
    -“No seas tonta”, dijo saludándome y yendo a su cuarto en el primer piso. Esperé a ver donde entraba y después me fui a acostar. Me pasé una hora dando vueltas en la cama sin poder dormir, no por la tormenta de afuera, sino por la que tenía entre mis piernas y en mi cabeza por las ganas que tenía de subir esa escalera. Un trueno descomunal me dio el empujón y la excusa que necesitaba. Fui a su cuarto, abrí la puerta y me quedé intentando ver en la obscuridad. Me pareció ver una figura sentada en la cama y una ronca y cálida voz me dijo.
    
    -“Te estaba esperando. ¿Venís?”, mientras abría las sábanas invitándome.
    
    Desde ese momento tuve siempre la sensación que estaba tres pasos por delante mío y descubrí que me gustaba que fuera tan seguro y sereno y que me entendiera lo que quería. Me acerqué todavía un poco temerosa ni sabía de qué y, cuando me puse a su lado, me abrazó y me sentí segura y confiada. Esperó un rato hasta que terminé ...
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