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Una mansión que acoge infinidad de orgías (8)
Fecha: 16/01/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos
... la calca por el culo. Hicieron un sándwich, pero esta vez de pie. Marisol levitaba, los chicos la sujetaban por los muslos, nalgas o por la cintura. Entre los dos podían, con cierta comodidad, manejar bien a aquella hembra endiosada. El pelirrojo se coloca bajo palio y va lamiendo todo lo que se le pone a tiro. Cuando algún rabo se sale, el chaval le pega unos cuantos chupetones y lo vuelve a incrustar en su agujero correspondiente. Los chavales sudaban lo suyo dándole fuelle fuerte a la chica. Los dos, a un tiempo, la clavaban y desclavaban de sus respectivos orificios. Sincronizan sus movimientos de emboladas. Marisol empalmó tres orgasmos seguidos. Tan intensas fueron sus corridas, que le provocaron unos espasmos salvajes. Su squirt no se desperdiciaría. Lo recoge el pelirrojo en su boca. Coloca los morros al modo de estar bebiendo de un botijo. También lame los cachos de polla que van quedando a la vista y los huevos de sus compañeros, buscando restos de squirt. Lo paladea, saborea y después se lo traga todo. ¡Es el mejor champagne del mundo! A los veinte minutos de estar trajinándose a la hembra en esta posición, los chicos deciden ponerse de acuerdo y correrse al unísono. Se concentran, y al rato, inundan las entrañas de esta zorra insaciable de una ingente cantidad de esperma. Después de correrse siguen con sus pollas en el interior del coño y el culo de la potranca, hasta que, con el paso de los minutos (al volverse flácidas), fueron saliendo de sus ...
... escondrijos ellas solas. Detrás de ellas salieron unos buenos chorros de líquido viscoso. Los que salían del chocho mantenían su original color blanco, pero los que lo hacían por el trasero, eran de un color más oscuro, como de café con leche. El guarro pelirrojo lo sorbía y tragaba todo con sumo placer. Los chicos seguían sujetando a la furcia en aire, para que el pelirrojo pudiera lamerle el ojete y el conejo a gusto, buscando los restos de las cuajadas de sus colegas. También chupeteó los capullos de sus pichas, extrayendo las últimas gotas de oro blanco. Cuando Marisol se bajó de su particular tiovivo, se puso de rodillas y le comió el rabo al pelirrojo. Este estaba tan cachondo que se corrió enseguida. Marisol hizo unas gárgaras y luego escupió en una copa toda la lechada. Volvió a meterse todo el líquido en la boca y volvió a hacer otra sesión de gárgaras. Lo escupió en la copa. Esta vez había más contenido, pues al semen había que añadirle una buena cantidad de saliva espumosa. Marisol puso en práctica una tercera sesión de gárgaras, volviendo a sorber el líquido de la copa. Cuando lo escupió por tercera vez, la copa estaba prácticamente llena de semen y espumarajos. La golfa se lo dio a beber al pelirrojo. Este se tragó todo, sin dejar una sola gota en el interior de la copa. Los restos de semen y saliva espumosos que quedaron pegados en los laterales de la copa, los recogió con un dedo y se lo fue chupando. Marisol quedó encantada con este chivo expiatorio. ...