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Barr
Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos
... ¿Seguro que estarás bien? —Sí… ya pasó el mareo. El extraño no estaba del todo convencido. —Si quieres, puedo llamar a alguien para que se quede contigo esta noche. —No hace falta. Mañana llamaré a una amiga para que me ayude a limpiar los destrozos. El extraño lo observó por un momento más, pero no insistió. Algo en aquella noche había sido diferente. Algo en aquella niña, en aquel bar, en aquel hombre, había despertado algo en él. Sin decir nada más, se dirigió a la puerta. —Buenas noches —dijo el dueño. —Buenas noches —respondió el extraño antes de salir. Mientras caminaba a la puerta de salida de esa casa, la cual lo llevaba a caminar por la calle desierta, se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, no quería estar solo, no quería llegar a su departamento y encontrarse con la soledad de este. El dueño de la casa lo acompañó hasta la puerta. Abrió y ambos se quedaron unos segundos mirándose fijamente sin decir nada. No sabían bien por qué, pero ninguno de los dos quería que esa noche terminara. Tenían ganas de hablar, de decir algo que prolongara ese momento… pero las palabras simplemente no salían. Finalmente, hicieron un leve gesto con la cabeza y se despidieron. El extraño caminó hasta su auto, que había dejado estacionado a un par de cuadras. Se sentó en el asiento del conductor y se quedó un momento quieto, con las manos sobre el volante, dejando que sus pensamientos lo invadieran. No podía dejar de pensar en lo extraño ...
... que había sido todo: entrar en la casa de un hombre al que apenas conocía, hacer dormir a una niña con la que, inexplicablemente, había sentido una conexión inmediata. Y, sobre todo, la calidez de ese hogar… Lo cómodo que se había sentido. Mientras tanto, el padre cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella, exhalando un suspiro largo. Su mente repasaba todo lo sucedido, sin imaginar que esa noche sería el inicio de un cambio que no tardaría en llegar. Curiosamente, ninguno de los dos sabía el nombre del otro, pero eso no les molestaba. Sentían una tranquilidad extraña, la certeza de que, de alguna manera, habían hecho lo correcto. Tal vez, sin darse cuenta, habían encontrado un nuevo amigo. Y, sin embargo, lo que sentían no era exactamente amistad. Ambos tenían la misma idea en la cabeza. Ambos querían que fuera sábado otra vez. La semana pasó con una lentitud insoportable. El extraño lo notó desde el primer día. Durante años, sus días habían sido iguales: trabajo, gimnasio, cenas solitarias, noches en su departamento vacío. Y sin embargo, esta vez, cada hora parecía estirarse demasiado. El sábado por la noche se convirtió en una especie de meta lejana que deseaba alcanzar lo antes posible. El dueño del bar tampoco era ajeno a esa sensación. Aunque su rutina estaba llena de responsabilidades, su mente volvía constantemente a la imagen de aquella noche: el momento en que ese hombre levantó a su hija y ella, en lugar de llorar como siempre lo hacía con ...