1. Barr


    Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos

    ... algo inusual: la niña no lloraba. De hecho, parecía cómoda en los brazos de aquel hombre, algo extraño, ya que rara vez permitía que alguien que no fuera su padre la sostuviera.
    
    —Hay que cambiarla —dijo el extraño con tranquilidad.
    
    El dueño se ofreció a hacerlo, pero el extraño se adelantó.
    
    —Déjamelo a mí. Tengo experiencia —mintió con naturalidad—. Crié a mis hermanos menores, estoy acostumbrado a esto.
    
    No sabía por qué estaba diciendo eso. No tenía hermanos pequeños. No había cambiado un pañal en su vida. Tal vez fue el impulso del momento. Tal vez fue la sensación indescriptible de sostener a aquella niña en brazos. O tal vez… porque esa pequeña, con sus enormes ojos verdes, le había robado el corazón en el instante en que la vio llorar en su cuna.
    
    Con extrema delicadeza, la acostó sobre el cambiador, retiró el pañal sucio y lo reemplazó con uno limpio. Lo hizo con movimientos seguros, hablándole en voz baja con dulzura, inventando palabras sin sentido solo para hacerla sonreír.
    
    El dueño del bar observaba todo en silencio, con los brazos cruzados y una expresión de incredulidad. Era un padre protector, pero no podía negar que el extraño lo estaba haciendo bien.
    
    La niña fijó su mirada en él, como si intentara descifrar quién era aquel hombre que la sostenía y le decía cosas raras. De pronto, soltó una risa suave.
    
    —Genial… Ahora no se dormirá —comentó el padre, resignado.
    
    El extraño la acunó en sus brazos y comenzó a mecerla con movimientos ...
    ... suaves.
    
    En menos de un minuto, la niña cerró los ojos y se quedó dormida.
    
    El padre parpadeó, sorprendido. Normalmente, después de una noche agitada, la pequeña tardaba bastante en conciliar el sueño, pero ahora… parecía haberse rendido sin resistencia alguna.
    
    El extraño la llevó con cuidado hasta su cuna y la acostó con delicadeza. Se quedó un momento en la habitación, observando el lugar.
    
    Las paredes estaban pintadas de un rosa pastel suave. Peluches de distintos tamaños decoraban los estantes, y había un sofá de un tono similar que parecía extremadamente cómodo. Cerca de la cuna, una cama más grande se acomodaba contra la pared.
    
    “Debe ser para cuando el padre o la madre quieren quedarse cerca de ella”, pensó el extraño.
    
    Y no se equivocaba. El dueño del bar pasaba muchas noches en esa cama con su hija en brazos, asegurándose de que estuviera bien.
    
    Sobre la mesa de noche había algunas fotografías. En ellas, el dueño del bar aparecía junto a la niña… y una mujer. ¿Su madre? No había muchas fotos de ella, pero su presencia era innegable en aquella habitación.
    
    El extraño se quedó allí, en silencio, más tiempo del que planeaba. Por primera vez en mucho tiempo, se permitió imaginar cómo sería el cuarto de su propio hijo algún día.
    
    Finalmente, regresó a la sala, donde encontró al dueño del bar intentando levantarse. Ya se veía mejor.
    
    —Estoy en deuda contigo —dijo el dueño, con una media sonrisa.
    
    —No es nada —respondió el extraño, quitándole importancia—. ...
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