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Barr
Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos
... desconocidos, se calmó de inmediato. Había algo en él que lo inquietaba y, al mismo tiempo, lo hacía sentir extrañamente seguro. Cuando finalmente llegó el sábado, el extraño no pudo evitar adelantarse. Llegó al bar una hora antes de lo habitual. Entró y se sentó en su mesa de siempre, la más alejada del ruido. Aunque la música era suave, esa noche le parecía demasiado alta. Miró a su alrededor. El lugar estaba más lleno que de costumbre, probablemente porque la noche estaba agradable y era principio de mes. Su vista recorrió el local, buscando discretamente entre la gente… pero no lo vio. Sintió una leve punzada de decepción. “Debe estar en la barra o en la cocina”, se dijo a sí mismo. Una mesera se acercó sin que él hubiera pedido nada y dejó una cerveza sobre la mesa. —Esta noche, todo lo que consuma va por cuenta de la casa —le informó con una sonrisa. Él levantó una ceja, confundido. —¿Y eso? —El jefe dejó dicha esa orden. También pidió que le avisara que hoy no podrá acompañarlo. La bebé tuvo una semana complicada, ha estado con fiebre. Por un instante, sintió una mezcla de sentimientos. Se preocupó por la niña, aunque no dejó que eso se reflejara en su rostro. También se sintió un poco desilusionado, pero lo ignoró. Asintió, aceptando la cerveza. La mesera sonrió antes de retirarse a seguir con su trabajo. Apenas ella desapareció de su campo de visión, el extraño se sumergió en sus pensamientos. Pensó en lo patética que ...
... era su vida. ¿Por qué no podía encontrar a alguien con quien compartirla? ¿Por qué todas las mujeres que conocía solo querían algo pasajero? ¿Por qué cada vez que mostraba sus verdaderas intenciones, lo dejaban solo? No era un mal partido. Trabajaba y ganaba bien, tenía un cuerpo trabajado en el gimnasio, vestía ropa de marca, manejaba un auto de alta gama. Todo lo que, en teoría, haría que cualquier mujer lo viera como alguien atractivo y deseable. Pero eso nunca parecía suficiente. Además, estaba la presión de su familia. Sus padres y hermanos no dejaban de insistir en que debía casarse y tener hijos. Para ellos, su éxito profesional no significaba nada si no formaba una familia. Creían que él pasaba las noches de fiesta con una mujer distinta cada vez, que no quería compromisos ni estabilidad. Si tan solo supieran la verdad. No le gustaban las fiestas ni los bares de levante. Prefería quedarse en casa viendo un partido de fútbol o simplemente descansando después de un día de trabajo. Y sin embargo, últimamente los sábados en la noche se habían vuelto una especie de necesidad. No por el bar en sí. No por la cerveza. Por él. Por la sensación de estar ahí, sabiendo que en algún momento, sus miradas se cruzarían. Se hizo tarde y el lugar comenzó a vaciarse. La única cerveza que le sirvieron seguía casi intacta sobre la mesa. No tenía ánimos para beber. Levantó la vista hacia la caja registradora y entonces lo vio. El dueño del bar ...