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Barr
Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos
... estaba firmando unos papeles. Desde donde él estaba sentado, pudo notar las ojeras marcadas y el cansancio reflejado en su rostro. Sus miradas se encontraron. Ambos sonrieron. El padre se acercó. —¿Cómo estás? —preguntó el extraño. De cerca, el agotamiento era aún más evidente. —Yo estoy bien… —respondió el otro, con una sonrisa cansada—. El que no está bien eres tú, por lo que veo. —Mi hija ha estado un poco fastidiosa estos últimos días. Hubo un breve silencio. El extraño sintió que las palabras salían de su boca antes de pensarlo demasiado. —¿Puedo ir a verla? El dueño del bar lo miró, sorprendido. —¿Qué? —He leído bastante sobre bebés —dijo él, intentando sonar despreocupado—. Sé algunas cosas. No mencionó que, en realidad, había pasado horas viendo videos y leyendo libros sobre paternidad. No le dijo que, por alguna razón inexplicable, sentía una ternura enorme por esa niña que apenas había cargado una vez. El dueño del bar bajó la mirada, pensativo. No tenía sentido. Era una locura. Pero por alguna razón… no se sentía mal. —Está bien —dijo finalmente. El extraño asintió. No lo sabía aún, pero esa noche volvería a cruzar una línea. Y esta vez, ya no habría vuelta atrás. El padre dudó por un momento. No estaba seguro de que fuera buena idea dejarlo volver a entrar ni permitirle interactuar con su hija. Pero entonces, recordó la primera vez que lo vio sosteniéndola en brazos. Recordó cómo su ...
... niña, que solía inquietarse con los desconocidos, se había quedado quieta y había cerrado los ojos, confiada y en paz. Suspiró y asintió. Cuando abrieron la puerta del departamento, un llanto agudo y potente los recibió. El sonido resonaba en las paredes del pequeño hogar. La luz tenue de una lámpara de mesa iluminaba la sala de estar, proyectando sombras suaves sobre el sofá y los juguetes esparcidos por el suelo. Afuera, la ciudad seguía con su vida nocturna: el murmullo lejano de autos pasando por la avenida, el eco de risas y voces en las calles. —Apenas la dejé sola dos minutos… —murmuró Gerónimo con cansancio. Había dejado a la niña en su corralito, rodeada de juguetes, pero eso no había servido de nada. El extraño entró sin dudarlo. Lo primero que hizo fue tomarla en brazos. El cambio fue inmediato. Dejó de llorar y lo abrazó con fuerza, escondiendo su carita en su pecho. El Padre los observó en silencio, sorprendido. Sobre la mesa de madera, desgastada por los años, había una mamadera lista, aún tibia. Él mismo había intentado dársela antes, sin éxito. El extraño la tomó, comprobó la temperatura y se la ofreció con suavidad. —Aquí tienes, pequeña. Mientras la niña bebía, él le susurraba palabras dulces, y ella, embelesada, no apartaba la vista de sus ojos. El padre se apoyó en el marco de la puerta y los observó. El departamento olía a hogar, una mezcla de café frío, ropa recién lavada y el dulce aroma de una vela a medio ...