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Barr
Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos
... increíble. —Me convenciste —aceptó Leandro—. Aunque en mi casa también tengo lo mismo… Pero no da para verlo solo…¿Tienes parrilla? —Sí. —Porque tengo ganas de comer un asado. —Si tú pones la carne, yo me encargo de la ensalada. Y de la bebida. —Sí, claro… No gastarás nada porque la sacarás de tu bar, ¿no? —Exactamente. —Bueno, pero quiero una buena cerveza. —Mañana es lunes. ¿No trabajas? —Soy dueño de mi empresa. Puedo llegar tarde o simplemente no ir. Pasaron la tarde entera en el parque. Las risas de Sabrina se escuchaban por todo el lugar, llamando la atención de los transeúntes. Leandro corría con la niña sobre sus hombros mientras Gerónimo los perseguía, fingiendo atraparla. Jugaron a las escondidas, a la soga improvisada, incluso se animaron a los juegos infantiles. Parecían una familia. No solo la niña estaba feliz. Ellos también lo estaban. Era como si nada más existiera en el mundo. Cuando el sol comenzó a ocultarse y la brisa refrescó el ambiente, decidieron regresar a casa. Sabrina bostezaba, pero aún tenía energía. Al llegar, Leandro se ofreció a bañarla mientras Gerónimo preparaba la ensalada. Sabían que el baño la relajaría y se dormiría temprano. Ese era el plan. Pero la niña tenía otras intenciones. Normalmente adoraba el agua, pero esta vez… Empezó a patalear, a moverse demasiado, a salpicar sin control. Los gritos llenaron el baño. Leandro intentó sujetarla, pero era ...
... imposible. Tuvo que pedir ayuda. Cuando Gerónimo entró, las cosas empeoraron. Sabrina encontró el caos divertido. Chapoteó con más fuerza, mojándolos por completo. En segundos, el baño era un desastre. Ellos estaban empapados. La ropa pegada a sus cuerpos, el agua goteando de su cabello. Pero lejos de enojarse, terminaron riendo. La bañaron, la secaron, la cambiaron y le dieron su biberón. Apenas terminó de tomar la leche, Sabrina quedó rendida. Entonces, el silencio volvió. Leandro se quitó la remera mojada sin pensarlo mucho. El ambiente estaba fresco para la niña, pero para ellos estaba bien. Gerónimo hizo lo mismo. Y por primera vez, se miraron a los ojos. Ninguno dijo nada. Pero sus cuerpos hablaban. Sus miradas recorrían del rostro al pecho, y de regreso. Sabían que algo estaba pasando. Que algo los atraía. Pero ninguno lo admitía. Sus pantalones también estaban húmedos. Pero ninguno lo mencionó. —Tengo un pantalón que podría quedarte bien —dijo Gerónimo de repente—. Si quieres cambiarte… Leandro tragó saliva. —Tal vez no sea buena idea —respondió, desviando la mirada—. Mejor iré a prender el fuego. Con el calor de la parrilla, el pantalón se me secará más rápido. —Yo iré a cambiarme. Se alejaron rápido, como si hubieran tocado fuego. Leandro fue a la terraza y comenzó a preparar el fuego. Pero le faltaban algunos accesorios. Así que bajó a buscarlos. Caminó directo al cuarto de ...