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Barr
Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos
... sincero, no sé cómo seguir. Nunca un chico me invitó a salir. —Y yo nunca invité a salir a un chico… Pero aquí estoy. —Tal vez debería empezar por dejarte pasar. —Sí, pero no solo quiero que me dejes entrar a tu casa o a tu bar. Quiero que me dejes entrar en tu vida y en la de ustedes dos. —Justamente —le dijo, emocionado—. No me refería solo a eso. Quiero que entres a mi casa, a mi bar y a mi cama, sí… pero sobre todo quiero que entres a mi vida y a la de mi hija. Cuando estuvieron dentro de la casa y las manos del extraño quedaron libres, se miraron a los ojos. —Tengo ganas de besarte —susurró uno. —Yo también —respondió el otro. —No debe ser distinto a besar a una chica —murmuró, algo nervioso. —No soy una chica —sonrió. —No lo eres. Eres mucho más que eso. —Soy un padre —le recordó. —Eres un padre —repitió él, como quien saborea cada palabra. Poco a poco se fueron acercando, torpemente, los rostros cada vez más próximos, sus respiraciones entrecortadas. Sentían el calor del otro, el suave roce de la piel, pero ninguno se atrevía a dar el primer paso. Algo en el aire les decía que si no se animaban ahora, todo quedaría en un simple deseo. Sin embargo, el miedo era palpable, podía olerse la mezcla entre ansiedad y deseo, el temor al cambio. Finalmente, sin pensarlo más, se acercaron y, aunque temblorosos, lograron un beso. Fue tierno, lento, y sus labios se encontraron con una delicadeza que encendió una corriente de sentimientos que ...
... no necesitaban palabras. Un beso que les hizo saber que eran perfectos el uno para el otro. El beso se fue volviendo más profundo, las lenguas buscándose en un suave y torpe vaivén que los unía cada vez más. Las manos de Gerónimo comenzaron a recorrer lentamente el torso de Leandro, como si temiera que al tocarlo con más fuerza rompería el hechizo del momento. Leandro, en cambio, acariciaba los hombros de Gerónimo, sintiendo el calor de su piel y su pulso agitado. De repente, se detuvieron. Ambos respiraban entrecortadamente y la conciencia de que estaban yendo demasiado rápido se hizo evidente. No estaban preparados para avanzar más. —¿Te molesta si duermo en la misma cama contigo esta noche? —Me molestaría si no lo hicieras. Antes de acostarse, se sentaron a comer la pizza y a tomar las cervezas que el extraño había traído. La bebé dormía plácidamente en su cuna, y el silencio de la casa era interrumpido solo por el sonido de las risas tímidas que compartían. Parecía raro que no se hubiera despertado. —Sabes, por momentos pienso que mi hija, desde un principio, planeó todo esto. —Yo también creo eso. —Aún no razona, pero sé que quería que tú y yo nos juntáramos. Después de terminar de comer, se dirigieron a la habitación. La luz suave de la lámpara iluminaba la cama, creando un ambiente tranquilo pero cargado de tensión. Se desvistieron lentamente, bajo la mirada expectante y casi nerviosa del otro. Los dedos de Leandro temblaban cuando desabrochó su camisa, y ...