1. Barr


    Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos

    ... dudas, ni angustias. Estaban juntos, y eso era suficiente.
    
    Leandro fue el primero en levantarse, su corazón palpitando con una mezcla de emociones que no había experimentado en mucho tiempo. Caminó hacia la habitación de la niña, con el pensamiento constante de que quizás, solo quizás, esa pequeña era su hija. Todavía le costaba aceptarlo. La idea de ser padre, sobre todo de una niña que no había traído al mundo, le resultaba extraña, pero a la vez hermosa, porque cada vez que miraba a Sabrina, sentía que algo dentro de él se derretía. La tomó en brazos con una suavidad que solo un padre podría tener. Su corazón latía más fuerte de lo normal, una sensación de ternura pura lo invadió cuando la miró, cuando la sintió en sus brazos. La niña no lo miró con extrañeza, más bien se acurrucó en su pecho, y Leandro, sin saberlo, empezó a formar su propia idea de lo que significaba ser padre.
    
    Llevó a Sabrina a la cama, donde Gerónimo los esperaba. Los tres se quedaron un buen rato, jugando en la cama, riendo, disfrutando de esos pequeños momentos que, aunque simples, estaban llenos de una alegría sincera. Había una paz en el aire, como si el universo hubiera alineado todo para que esos dos hombres pudieran encontrar lo que necesitaban: el uno al otro, y a esa pequeña que era el lazo final, el que los unía a todos.
    
    Después de un rato, el extraño se levantó y se dirigió al baño. A pesar de lo reciente de todo lo que había sucedido entre ellos, de lo que aún no sabían el uno del ...
    ... otro, la casa ya se sentía como suya. Ya se sentía en casa. No le importaba que no hubiera habido sexo, ni tampoco que los abrazos y los besos fueran todo lo que compartían por el momento. Había algo mucho más profundo, algo que no podía definirse con palabras. Y ese algo lo había encontrado en Gerónimo. Su corazón, que había estado cerrado durante tanto tiempo, se sentía ahora lleno, completo. Estaba con el hombre con el que quería estar, con el que sentía una conexión que trascendía lo físico. Era algo que no había planeado, ni siquiera imaginado, pero que ahora no quería dejar ir.
    
    Los días que siguieron fueron una maravilla, cada uno un regalo en sí mismo. Se levantaban juntos, se ayudaban a preparar el desayuno, se turnaban para cambiar a la niña, bañarla, vestirla, jugar con ella. En esos pequeños gestos cotidianos, Leandro sentía que había encontrado un propósito, una paz que no sabía que existía. No les importaba no haber tenido sexo, porque los besos y las caricias eran suficientes. Había algo más grande que el deseo físico; era la conexión emocional, la complicidad, la seguridad de que, por primera vez en mucho tiempo, ambos se sentían amados, completos, entendidos.
    
    El hecho de que Leandro prácticamente viviera en la casa de Gerónimo, de que su propia casa pareciera ya un recuerdo lejano, les dio una sensación de estabilidad que ninguno de los dos había tenido antes. Incluso el simple acto de lavar la ropa de la pequeña juntos, o de ver un partido de fútbol, se ...
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