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Barr
Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos
... que lo atormentaban cada noche: ¿Por qué su vida era así? ¿Por qué simplemente no podía encontrar a esa persona que le diera paz y amor? Esa noche parecía ser como cualquier otra. El bar ya estaba cerrando. Era casi la medianoche, y como de costumbre, solo quedaban ellos dos en el lugar. El dueño limpiaba las últimas mesas mientras el extraño terminaba su cerveza, sumido en sus pensamientos. De repente, la puerta, que estaba entreabierta, se abrió con violencia. Dos hombres encapuchados irrumpieron en el bar, armas en mano. —¡Al suelo, carajo! —gritó uno de ellos, apuntándolos con el arma. El dueño levantó las manos de inmediato, tratando de mantener la calma. El extraño, aunque sorprendido, no opuso resistencia. —Tranquilos, no hay necesidad de violencia —dijo el dueño, avanzando lentamente hacia la caja registradora. Sacó todo el dinero que había dentro y lo metió en una bolsa que uno de los ladrones le extendió con prisa. Mientras lo hacía, su mirada se desvió hacia el monitor del baby call. Su hija seguía dormida. Sintió un alivio momentáneo, pero su corazón latía con fuerza descontrolada. Uno de los asaltantes miró dentro de la bolsa y frunció el ceño. —¿Esto es todo? —preguntó con furia. —Fue un día malo —respondió el dueño, con voz tensa—. Es todo lo que tengo. El ladrón no le creyó. Sin previo aviso, le propinó un fuerte golpe en el rostro, haciéndolo tambalear. Un segundo golpe, esta vez en el estómago, lo dejó de rodillas en el ...
... suelo. El extraño, aún sentado, apretó los puños con rabia, pero sabía que intervenir en ese momento sería un error. —Maldito idiota, no nos hagas perder el tiempo —gruñó el otro ladrón, mientras comenzaba a destrozar algunas cosas. Derribaron botellas, rompieron algunos vasos y, al ver que el dinero no era suficiente, decidieron llevarse varias botellas de vino caro. Después de unos segundos que parecieron eternos, los ladrones se marcharon tan rápido como habían entrado, dejando el lugar en un desorden caótico. El extraño se levantó de inmediato y se acercó al dueño del bar, que aún estaba en el suelo, escupiendo un poco de sangre. Su ojo derecho comenzaba a hincharse y en su labio se formaba una herida que sangraba lentamente. —Déjame ayudarte —dijo el extraño, extendiendo una mano. El dueño del bar tomó aire y, con esfuerzo, aceptó la ayuda. Se incorporó lentamente y apoyó una mano en la barra para estabilizarse. —Cierra la puerta con llave —le pidió con voz ronca. El extraño obedeció sin decir nada. A pesar del alcohol que llevaba en el cuerpo, aún estaba lo suficientemente lúcido para actuar. —¿Quieres que llame a la policía? —preguntó después de un momento. El dueño negó con la cabeza. —No. —¿Por qué no? ¡Te han golpeado! —Mi hija está arriba —murmuró el dueño, mirando de reojo la pantalla del baby call—. No quiero que, por más pequeña que sea, se vea envuelta en algo como esto. El extraño entendió. No estaba de acuerdo, pero ...