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Barr
Fecha: 17/01/2026, Categorías: Gays Autor: Max, Fuente: TodoRelatos
... entendió. Se quedó allí, en silencio, observando al hombre que, a pesar de todo, se mantenía firme. Y por primera vez en meses, el extraño sintió una conexión real con alguien. El destino, sin que ellos lo supieran, acababa de entrelazar sus caminos. A pesar de su negativa inicial a recibir ayuda, el dueño del bar aceptó que lo acompañaran hasta el segundo piso. El extraño decidió quedarse un poco más con él, al menos hasta asegurarse de que estaba bien. Una vez dentro del pequeño departamento, ubicado sobre el bar, el extraño tomó un paño, lo sumergió en agua fría y se lo colocó suavemente sobre el ojo hinchado del dueño, intentando aliviar el dolor. —¿Estás bien? —preguntó después de un momento. —Sí, no fue para tanto —respondió el dueño con voz cansada. —¿Se llevaron mucho dinero? El dueño negó con la cabeza. —No, minutos antes de cerrar había guardado la mayor parte del dinero en la caja fuerte. Solo tenían acceso a lo que quedaba en la caja registradora. En este negocio hay que estar preparado para estas situaciones. El extraño frunció el ceño. —Aun así, no deberías quedarte solo hasta tan tarde un sábado. El dueño lo miró por un instante y, en un gesto inusual, sonrió con un deje de ironía. —No estaba solo. Estabas tú. Y, aunque no entiendo por qué, me daba un poco de seguridad que estuvieras ahí… aunque no habláramos. Por un momento, ambos sintieron que compartían un pensamiento extraño, un sentimiento difícil de definir. Pero, ...
... sin decir nada, lo descartaron rápidamente. El dueño del bar suspiró y se recargó en el respaldo del sofá. —Ya estoy bien. Puedes irte si quieres. El extraño asintió, aunque no estaba del todo convencido. Se levantó y caminó hacia la puerta, pero se detuvo en seco cuando un llanto agudo rompió el silencio. El dueño intentó ponerse de pie para ir a ver a su hija, pero un mareo repentino lo obligó a sentarse nuevamente. —Déjame ayudarte —ofreció el extraño sin pensarlo demasiado. El dueño vaciló por un segundo, pero al ver que no tenía otra opción, asintió con desgano. El extraño se dirigió a la habitación de la bebé. Dentro, encontró a la pequeña moviéndose inquieta en su cuna, con sus grandes ojos verdes bien abiertos. No era inexperto con los bebés, o al menos eso le gustaba pensar. Había pasado incontables noches viendo videos sobre crianza y leyendo libros para padres primerizos. No tenía hijos, pero el deseo de ser padre lo acompañaba desde hacía años. Al ver el estado de la niña, supo de inmediato lo que necesitaba. —te tiene que cambiar el pañal, ¿verdad? —murmuró en voz baja. Con una sorprendente naturalidad, la tomó en brazos, recogió un pañal limpio y un frasco de talco que estaban cerca de la cuna, y se dirigió de regreso a la habitación donde estaba el padre. El dueño del bar, al ver a su hija en los brazos de un desconocido, reaccionó de inmediato. Su cuerpo se tensó, listo para levantarse pese al mareo, pero se detuvo cuando notó ...