-
Mi madrastra cambió mi vida para siempre
Fecha: 18/01/2026, Categorías: Incesto Autor: 41marcelo, Fuente: RelatosEróticos
... no tenía el valor de admitir. A partir de ahí, las provocaciones se hicieron aún más evidentes. Un día entró a mi cuarto pidiendo prestada una toalla, y cuando se la di, la agarró demasiado despacio, pasando los dedos por mi mano antes de irse. Otra vez me pidió que le pusiera bloqueador en la espalda y se acostó en el sofá solo en bikini. Volteé la cara para no mirar, pero ella decía riendo: «Puedes untarlo bien, no te avergüences». Estas situaciones se fueron acumulando y la tensión se volvió casi insoportable. Había noches que me quedaba solo en mi cuarto pensando en ella, recordando la forma en que se movía, el olor de su perfume mezclado con sudor, el sonido de sus gemidos cuando estaba con otro tipo. Todo eso se mezclaba en mi cabeza como si fuera imposible separarlo. Fue en una de esas noches que me di cuenta de un detalle que lo cambió todo. Estaba pasando por la sala y vi a la Viviane sentada, ajustándose el short. Cuando se inclinó un poco, vi de reojo la punta de un plug anal asomándose. Traté de disimular y seguir a mi cuarto, pero eso se me quedó grabado en la mente. No pude pensar en otra cosa. Al día siguiente, agarré valor y le pregunté indirectamente sobre el anal. Hablé de un video que había visto y ella respondió riendo: «Si se hace bien, es mejor que cualquier otra cosa». Esa frase se me quedó en la cabeza por días enteros. Empecé a imaginar escenas que no debería, me preguntaba cómo sería que alguien se la cogiera por el culo como a ella le ...
... gustaba, y eso solo lo hacía todo más intenso. La noche de ayer todavía me retumba en la cabeza, como si acabara de pasar. Casi no pude dormir y estoy escribiendo esto con la mano temblando porque siento que mi vida se volteó de repente. Todo empezó al final de la tarde, cuando me di cuenta de que había algo diferente en la Viviane. Estaba más arreglada de lo normal, con un short negro ajustado y una blusa pegada que marcaba cada curva de su cuerpo. El cabello suelto cayendo sobre sus hombros, el olor de su perfume invadiendo todo el pasillo. Cuando pasé cerca de ella en la cocina, sentí que se me apretaba el pecho. Ella me miró y sonrió de una forma que parecía esconder algo. «No te duermas temprano hoy», dijo, caminando hacia su cuarto. Mi corazón latió más rápido en ese momento porque recordé el plug que había mostrado más temprano en el pasillo y cómo había dicho que «más tarde va a estar divertido». Ya era de noche cuando escuché el timbre. Bajé de mi cuarto despacio y vi por la rendija de la puerta que había llegado un tipo. No sé si era su novio, su amante o solo alguien del momento, pero la forma en que se miraron me dejó sin aliento. Se fueron directo a su cuarto y cerraron la puerta. Traté de ignorarlo, pero no pude. En cinco minutos empezaron los sonidos, bajos al principio, después subiendo poco a poco hasta llenar el pasillo. El primer gemido de ella fue corto, ahogado, después vinieron otros más largos y fuertes. Frases sueltas que atravesaban las ...