1. Mi madrastra cambió mi vida para siempre


    Fecha: 18/01/2026, Categorías: Incesto Autor: 41marcelo, Fuente: RelatosEróticos

    ... paredes: «Así… qué rico… métemelo más fuerte». Mi respiración se volvió pesada sin que me diera cuenta. Todo mi cuerpo reaccionó de forma automática. Se me paró en segundos. Traté de resistirme, pero entre más lo intentaba, más difícil era. Cada ruido de la cama, cada golpe, cada palabra de ella martillaba en mi cabeza.
    
    El sonido cambió de repente y la escuché decir: «Vas a métemelo por el culo… así… métemelo todo». Mis dedos apretaron el borde del colchón, la mano me temblaba. Sentí que todo mi cuerpo ardía. Cerré los ojos y empecé a masturbarme sin siquiera pensarlo. Era imposible resistirse. Cada gemido de ella parecía atravesarme, cada frase parecía hecha para ponerme así. El sonido de su cuerpo chocando con el de él resonaba en la casa, hasta que la escuché gritar: «Así… más profundo… más fuerte», y tuve que morder la sábana para no hacer ruido.
    
    El tiempo pasó demasiado rápido. No sé si fueron minutos u horas, pero en un momento la escuché decir con la voz ronca: «Acábame adentro del culo… vamos… acábame todo», y después un gemido largo seguido de silencio. Me quedé quieto, acostado con el corazón acelerado, la respiración descontrolada, tratando de recomponerme, hasta que escuché pasos en el pasillo.
    
    La puerta se abrió despacio y era ella, parada ahí, completamente desnuda. Su cuerpo brillaba de sudor, el cabello desordenado, las piernas le temblaban. Se podía ver que todavía le escurría semen por el muslo. Se apoyó en la puerta y me miró directo a la mano ...
    ... en mi short. Me di cuenta de que ya no podía disimular. Traté de decir algo, pero la voz me falló. Ella respiraba profundo, los ojos oscuros e intensos.
    
    Entró al cuarto despacio, cerrando la puerta detrás de ella. Se paró frente a mí y dijo en voz baja: «Así que esto es lo que haces, ¿no? Te masturbas escuchándome acabar». No pude responder. Se acercó más, hasta que su perfume lo invadió todo a mi alrededor. El corazón me latía tan fuerte que sentía que iba a explotar.
    
    Sin decir nada, se dio la vuelta, a pocos pasos de la cama, abrió las piernas y con las dos manos separó las nalgas, mostrando el culo enrojecido e hinchado de lo mucho que el tipo se lo había cogido. «Acábate para mí», dijo, mirando por encima del hombro. Mi mano empezó a masturbarme al instante, sin control alguno, la respiración pesada, el sudor escurriendo, pero en medio de todo eso, sentí un impulso que no pude contener. Me incliné hacia adelante y pasé la lengua lentamente. Ella soltó un gemido bajo, casi un susurro, y dijo: «Así… sigue».
    
    Ella puso su mano en mi cabeza, acariciándome mientras yo le lamía el culo cada vez más profundo. El sabor mezclado, el calor de su cuerpo, el olor a sudor… todo parecía volverme loco. Ella gemía bajito, decía: «Así… aprovéchalo bien… qué rico», hasta que pidió con la voz ronca: «Siéntate en la cama».
    
    Me eché hacia atrás sin pensar y ella se montó encima de mí, de espaldas, con sus nalgotas en mi cara y, sin decir nada, encajó mi verga en su culo. Estaba tan ...
«12...4567»