1. Un albañil maduro desvirgó a mi novia


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Fornicatorix, Fuente: CuentoRelatos

    ... ayudar. Mientras antes terminemos mejor para los dos. Agáchate y aplica masa en esa zona. Después coloca esas losas nuevas para que se fijen y se peguen al suelo. Mientras tú haces eso, yo iré poniendo más a tono mi polla -dijo.
    
    Me agaché delante de él y en cuclillas apliqué la masa donde me indicó. Noté cómo mi rajita se abría en esa postura y cómo el viento acariciaba el interior. El hombre se bajó la cremallera del pantalón y se sacó la verga. No estaba aún erecta del todo y ya tenía una dimensión considerable, cosa que provocó un estremecimiento de deseo en mi interior.
    
    Empezó a masajearse la polla mientras contemplaba mi cuerpo desnudo. Yo procuraba no mirarle el pene, pues no quería que se diera cuenta de que me estaba excitando. Pero fue inútil: comencé a sentir un intenso calor y ardor en mi vagina y unas ganas enormes de probar aquel miembro viril. Volví a dirigir la mirada hacia la polla del albañil y este me pilló in fraganti:
    
    -Sabía que eras una auténtica puta. Mírate: eres incapaz de apartar la vista de mi verga. Estás deseosa de sentirla dentro, en tu boca, en tu húmedo coño. Creo que al final no me voy a conformar solo con una mamada -espetó el albañil.
    
    La reparación ya estaba terminada. Me levanté y me quedé de pie frente al desconocido. Ahora yo ya no hacía nada por cubrirme. Le mostraba mi cuerpo desnudo al hombre que estaba a punto de desvirgarme.
    
    -¡Ven, prueba de una vez mi polla! -me ordenó.
    
    Me acerqué un poco más a él y cuando estaba ...
    ... a punto de agacharme para hacerle la felación, me dijo:
    
    -¡Espera un momento! Deja que te toque antes esas tetas tan ricas que tienes.
    
    Me quedé inmóvil delante del albañil, a escasos centímetros. Él no tardó en poner sus manos sobre mis pechos y en empezar a magrearme a placer las tetas. Era la primera vez que sentía unas manos ajenas tocándome los senos y suspiré de gusto. El individuo gozaba apretándome los pechos a su antojo, pellizcando los pezones y jugando con ellos. Aproximé entonces mi mano derecha a su ya tremenda polla empalmada hasta que se la palpé y la envolví en mi mano. Mi coño ardía cada vez más y comencé a notar la humedad en él. Mientras el albañil seguía disfrutando con mis tetas, yo empecé a agitarle su miembro, moviendo la piel hacia atrás y hacia delante.
    
    -¡Ufff… Sííí… sigue, por favor, no pares! -me pidió con cara de placer.
    
    Aproveché que soltó por un momento mis senos para arrodillarme: tenía su tiesa polla a escasos centímetros de mi cara, abrí la boca, acerqué mi rostro y mis labios comenzaron a rozar el pene venoso del albañil. No me disgustó el sabor del glande ni el del líquido preseminal que de éste manaba. El hombre empezó a emitir los primeros gemidos y yo me puse a chuparle y a mamarle la verga a un ritmo más elevado. Mi entrepierna cada vez estaba más chorreante y sentía mis flujos correr por la cara interna de mis muslos.
    
    Entonces le desabroché el cinturón y el botón del pantalón, hasta que la prenda cayó a los tobillos del ...
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