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Un albañil maduro desvirgó a mi novia
Fecha: 24/01/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Fornicatorix, Fuente: CuentoRelatos
Nuria. Ese era el nombre de una de las novias que tuve y con la que estuve saliendo varios años. Cuando la conocí, yo tenía 22 años, ella 20. Era una chica bastante atractiva, alta, de larga melena castaña y grandes ojos de color almendra. Le encantaba vestir de forma moderna y sexy para sacar partido a la belleza de su cuerpo y de su figura. Su carácter alegre y abierto la convertían en persona de agradable trato para los demás. Sin embargo, ella me confesó, al poco de conocernos, que no siempre había sido así: hasta los 18 años había sido una chica tímida e insegura, de carácter algo retraído y que le daba poca importancia a su imagen. Me contó qué fue lo que le produjo ese cambio y cuándo ocurrió. Estas fueron sus palabras: “Fue el verano de mi primer curso de universitaria. Las clases habían terminado, había aprobado el curso y estaba muy contenta, pero cansada. Necesitaba reponerme tanto física como mentalmente. Mis abuelos me ofrecieron irme con ellos a su casa en el campo para desconectar y relajarme en plena naturaleza. Me propusieron pasar allí el mes de agosto: podría incluso tomar el sol en la pequeña terraza que había sobre la vivienda. Acepté la invitación de mis abuelos y a principios del mes de agosto me instalé con ellos en la casa. La vivienda estaba situada en pleno campo, a unos 50 kilómetros de la ciudad donde yo vivía con mis padres. El rastro más cercano de civilización era un pueblo de unos 2.000 habitantes, a 8 kilómetros de la casa de mis ...
... abuelos. La vivienda estaba rodeada de árboles y césped, cosa que ayuda a mitigar el sofocante calor que azota a Andalucía durante el periodo estival. Un camino de tierra conecta la casa de mis abuelos con la carretera secundaria que transita por la zona y que dista unos 300 metros de la vivienda. La casa es bastante grande, demasiado quizás para dos personas ya mayores. Pero mis abuelos pasan allí todos los veranos muy a gusto. Ellos disfrutan con sus paseos por el campo, sus salidas al pueblo y con la paz y la tranquilidad de la vida en la naturaleza. A la azotea de la vivienda ya no suelen subir, pues hay que acceder por una escalera estrecha y la movilidad y reflejos de mis abuelos ya están algo reducidos por la edad. Mi estancia en la casa transcurría de forma plácida. Yo tenía el carnet de conducir desde hacía un par de semanas y mis padres me habían regalado un coche de segunda mano. De hecho, el primer viaje que hice conduciendo fuera de la ciudad fue a la casa de mis abuelos. Con mi coche los llevaba muchos días por la mañana al pueblo más cercano, para comprar las cosas necesarias y para dar un paseo. Las tardes las pasábamos tranquilamente en casa, ellos viendo la televisión y yo en la azotea tomando el sol. Cuando la tarde avanzaba, nos sentábamos en el pequeño jardín, que mi abuelo cuidaba todos los días, a leer o a charlar un rato y antes de que anocheciera paseábamos por los alrededores de la casa, por los distintos senderos que existen. Todos los ...