1. Martín el camionero y la prostituta de pueblo


    Fecha: 24/01/2026, Categorías: Hetero Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos

    ... sujetándola por las caderas mientras la embestía con violencia.
    
    —Ah, perdón... —murmuró, aunque sin moverse ni un centímetro—. Es que me he equivocao de puerta. Buscaba el lavabo. Pero bueno, buen ritmo, ¿eh? Se nota que el chaval tiene potencia.
    
    Martín giró la cabeza y le lanzó una sonrisa torcida, sin dejar de empujar con saña.
    
    —Vamos, hombre… ¿Equivocarte de puerta en tu propia casa? —resopló entre jadeos—. No jodas. Tú lo que querías era echar un vistazo, viejo cabrón.
    
    El padre alzó las cejas, se encogió de hombros con media sonrisa y dio un trago largo a la cerveza.
    
    —Bueno... —dijo—. No todos los días se ve a un bicho como tú dándole semejante meneo a mi hija. Joder, la tienes doblá como un alambre.
    
    Martín soltó una carcajada ronca, agarrando a Jessi por el pelo para que alzase la cabeza.
    
    —¿Lo ves, princesa? —gruñó, con la polla enterrada hasta el fondo—. A papá le gusta el espectáculo. No dice nada, pero le pone ver cómo te reviento el coño con esta barra de carne.
    
    —Calla... cabrón... —gimoteó Jessi, sin fuerzas para replicar más allá de eso.
    
    El padre se apoyó en el marco de la puerta, tranquilo, con la barriga colgando y la mirada fija en el culo de su hija chocando contra las caderas de Martín.
    
    —¿Sabes lo que te digo? —añadió, alzando la cerveza a modo de brindis—. Que por esta follada no deberías ni pagar, macho. Mi Jessi se ha traído un semental de primera.
    
    Martín sonrió de lado, echando la cabeza hacia atrás, sudado, hinchado, ...
    ... poderoso como un corcel encabritado.
    
    —¿Pagar? ¡Si la que me va a pagar es ella! —bufó—. Esto es servicio de transporte especial: entrega por detrás, sin freno y con sobrepeso.
    
    El padre soltó una risita baja, sin apartar la vista.
    
    —¿Te importa si me quedo un rato? —preguntó, sin ningún pudor.
    
    —Tú mismo, campeón. Pero si vas a mirar... hazlo bien —Martín le señaló con la cabeza—. Acércate un poco, que desde ahí solo ves las sacudidas.
    
    El hombre entró unos pasos, ya completamente cómodo, como si fuera la escena más normal del mundo. Se detuvo al lado de la cómoda, a menos de dos metros de la cama, con la cerveza apoyada sobre la panza y los ojos abiertos como platos.
    
    Martín le guiñó un ojo mientras volvía a meterla entera, haciendo gemir a Jessi con la cara hundida en las sábanas.
    
    —¿Has visto el calibre, eh? Esta chiquilla tiene un coño valiente. Mira cómo lo aguanta.
    
    —Me cago en la puta... —dijo el padre—. Si se la estás clavando hasta los riñones.
    
    —Y porque me contengo —resopló Martín, empujando con una sacudida más bruta, que hizo temblar la cama—. Si le suelto todo el peso, me la atravieso.
    
    —Tú lo que eres es un animal —soltó el padre, divertido, con los ojos brillando de morbo.
    
    Martín gruñó como respuesta y le dio una palmada sonora en el culo a Jessi.
    
    —¡Vamos, nena! Que papá está disfrutando. Dale espectáculo. Enséñale cómo se mueve una putita agradecida.
    
    Ella gimió entre dientes, completamente entregada, y trató de mover las caderas, pero ...
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